30/7/09

Entrevista previa con Francisco Marí, que llegó a la República Dominicana como colono

Francisco Marí llegó a la República Dominicana con once años, acompañando a sus padres. Nació en un pueblo cercano a Valencia (España) y en 1954 su familia se embarcó en el "España" aprovechando la "magnífica oferta" del Dictador Caribeño. En origen fue destinado a la colonia de "La Línea Quince" y ahora vive cerca, en una población de María Trinidad Sánchez (R.D.). El texto corresponde a las notas del primer encuentro que tuvimos. Más tarde, le entrevisté delante de la cámara y sus recuerdos ilustran el documental "Dominicana la tierra prometida".


El papá mío se apuntó dos veces (para emigrar a R.D.) y lo borraron dos veces. Hasta que mi padre se hartó y le dijo a un español, que se llamaba el Paco el Casero:

--Mira, si se va la expedición y yo no me voy, me lío a tiros.

--¿Eso es lo que quieres? Pues vamos! El que te está borrando es tu amigo!

El amigo de mi padre era jefe de las Juventudes de Franco. Habló con él y le dice

--No te vayas. Tú eres pobre pero aquí te necesito. Ya saldrás adelante.

Bueno. En el pueblo tiraron una traca para despedirnos. Mi mamá acababa de dar a luz a la última niña. Y subimos al barco. Cuando salíamos del puerto, contento no podía estar nadie porque dejaban su tierra.

Al llegar a Samaná vino a buscarnos una barcaza, dio la vuelta a la costa y desembarcamos en “La entrada”. Nos sacaban a la arena. Ahí nos tiraron como puercos a la guagua

Cuando llegamos, todo era mentira. Cámara (el reclutador de colonos en España) nos vendió como sardinas malas. Dijeron que era tierra de regadío y... nada parecido: era monte. Monte y mosquitos. Había mosquitos que sabían leer y escribir. Vinieron unas viejas españolas que se les infectaron las piernas. Esos se fueron pronto. Yo era pequeño, pero me daba perfecta cuenta de que todo era mentira.

Cuando llegamos aquí los hombres tenían dos mujeres, y los niños les besaban la mano a los mayores

En La Boca había muchos dominicanos. Hasta una tiendecita. Pero la mayoría de los dominicanos vivían junto a la costa, porque hay menos mosquitos y se está mejor.

Un amigo de mi padre, para poder comer picó un trozo de tierra, hizo el semillero con unas semillas de tomate que trajo de España en una botella tapada con un tapón de corcho y eso fue lo primero que hizo.

El maní, muchas veces lo sembrabas y había que esperar, a ver si llovía. Porque no había regadío.

¿Si la gente estaba enfadada? Me cague’n la mare que els ha parit! (expresión valenciana de enojo) Ahí se volvían unos diablos. Bravos. Pero no hacían nada porque lo que tenían que haberles dicho (a los directores de colonia) es “Ven, que te arreglamos”

Todos los españoles protestaron porque no había nada. A alguno lo llevaban (detenido) de noche. Venían los cepillos (coches de la policía política trujillista) y se los llevaban con los pies colgando. Y luego los mandaban para España. De madrugada venían a por él y la mujer se quedaba llorando. Había un XX español que era uno de los chivatos. Mi papá le dijo un día: “Tu eres el chivato: y por tu culpa se llevaron a tal y tal”. Ese oía todas las conversaciones de los españoles... si, se llevaron a dos o tres. También había un colono que era chivato.

Nos dieron unas casas, escampadas, que parecían cuarteles. Dentro hacía un calor que parecía una panadería. Se comentaba que Trujillo no mandó hacer las casas así y que mató al que las hizo.

No nos dieron herramientas. Si que nos dieron un mulo sin amansar. Trujillo le decía a cualquier millonario:

--regalen 50 ó 100 mulos.

Y vinieron animales buenos, pero se los quedaba alguien por el camino y los malos se los daban a los españoles.

Una vez, los españoles de Vista Linda hicieron un bote para irse, porque les tiraron a unas arenas donde había unos pájaros que toda la cosecha se la comían, y no veían futuro. Pero al final no pudieron escapar. Les agarraron.

También había gente que estaba conforme, porque les daban como 60 pesos al mes. Primero les daban comida que ellos no conocían y dijeron que mejor se lo dieran en dinero y cada cual se compraba lo suyo

Para darnos las tierras sacaron a los que había aquí. Algunos se fueron huyendo, porque si no los ahorcaban. La mayoría se fueron huyendo.

Estuvimos cuatro o cinco meses esperando la tierra porque estaban los bulldozers trabajando, desbrozando selva, porque había “malla”. De noche se oía el ruido de las máquinas. Luego fueron apilando la madera y entonces entraron los tractores. Y había piedras. Las partían y las mezclaban con la tierra. Pero barrieron la flor de la tierra.

¿Mi padre? Mi padre estaba contento. Todo el día de fiesta. También había una vellonera que trajo Francisco Vélez, dominicano, alcalde de Baoba, y que estaba frente a la iglesia. Ahí iban todos los españoles solteros. Le ponías 5 centavos y tocaba el disco que tu querías. Peleas, allí, no había.

Cuando se normalizó, hacíamos yuca, tomate, habichuela, maní... Con un rastrillo de boniato mi padre aró la tierra. Y con el mismo pié hacía las calles. Y le salían derechitas. La primera cosecha de maní fue buena, unos 200 sacos, y ya nos quitaron el subsidio. Algunos estuvieron cobrándolo 3,4,5 años, porque no trabajaban.

La cosecha de maní se la vendíamos a “La Manisera” que era... ¿del Gobierno? Era Trujillo el que tenía... tenía una parte de todo. Mi padre le compró la cultivadora a La Manisera.

Yo iba con un caballo con cuatro aguaderas, a vender agua a los españoles

En el 59 estuvieron en mi casa los legionarios (mercenarios españoles que trujillo contrató para luchar contra los guerrilleros). Se lo comían todo. Eran brutos, ordinarios... Vinieron porque dos o tres cubanos se metieron por la zona.

El año 60, la mariposa se comió el maní (quiere decir que se pudrió en los almacenes). Lo tuvieron que dar a dos pesos cuando valía 8 el quintal. En mi casa no vendieron y estuvimos 6 – 7 meses con el maní, que se lo comía un gusanito de la tela.

Aquí hubo españoles que pasaron mucho trabajo. Por aquí era arroz y no tenía canal. El canal lo hicieron ellos con una yunta de buey. (El canal esta saliendo de Payita hacia Nagua, a 500 mts, junto a la antena)

El 61 ya quedábamos pocos. Vinieron las turbas. Iban casa por casa con los colines (machetes). A mi casa no vinieron, porque yo cargaba un colín largo. Robaron los mulos, mocharon los alambres... Ahí se fueron algunos españoles más, pero ya quedábamos pocos.

A mi me robaron 28 animales. La juventud mía, la robaron. Allí había de todo: militares, el diablo, su papá...

El 62 hubo carta blanca. Ahí si tuvieron que irse muchos. Ahí fue lo grande. Vino Bosch a Baoba yo no fui, porque estaba trabajando con el maní, pero me lo contaron: que a los españoles había que quitarles la tierra para que se fueran. Pero el maní ya no se daba. Estaba la tierra agotada. Ahora parece un monte pero esto estaba desolado. No dejaron nada. Vinieron dos o tres (funcionarios?) y les dijeron que les indemnizaban por las tierras. Muchos españoles se fueron para la Embajada, a refugiarse, pero era un desastre. Mi mamá se fue con dos hermanas. Y aquí solo nos quedamos tres o cuatro. En San Rafael, se quedaron más: unas 15 familias.

28/7/09

Conversación con Juan V. Colono en Baoba - El Cruce

Juan V. es andaluz, de Almería, (sur - este de España) pero en la postguera española emigró a Valencia (este de España) huyendo del hambre. En 1954, con la primera expedición de colonos contratados por Trujillo, se embarcó en el España. Llegó a la República Dominicana con unos 30 años, acompañando a la familia de su primo. El primo se volvió de los primeros.

Al principio fue un poco duro: En Santo Domingo, después de hacernos una misa nos llevaron al barco otra vez. Desde allí, lo más lento que se podía ir, hasta Samaná (la bahía) y allí nos tuvieron subidos en el barco una o dos semanas. A veces nos bajaban a Sánchez para que nos diéramos una vuelta y otra vez al barco, a esperar. Luego a mi grupo le llevaron en camioneta hasta Matancita y allí nos subieron en una barcaza que nos llevó hasta La Entrada y pasamos el río por La Boca. Total, no recuerdo si estuvimos dos o tres semanas para llegar hasta “El Pozo”, a una cárcel. Y allí nos instalaron provisionalmente.

Lo primero que recuerdo de aquí son los mosquitos. Los je-jen. Llegamos por la noche y nos trajeron comida. Si nos hubieran dicho “ahí está la barcaza para el que quiera volver, nos habríamos vuelto todos”

El Pozo era de Trujillo. Ahí se llevaba a los presos a trabajar. Esto era todo árboles, que no se veía. Al cabo de un par de meses le dieron la tierra a mi primo. Yo me casé al año y entonces me dieron casa.

El 62 vinieron “las turbas” (grupos que hostigaban a los colonos para que devolvieran las tierras que Trujillo les había expropiado). Dijeron que nos iban a quitar hasta las mujeres, porque eran dominicanas. Conmigo personalmente no se metieron pero nos quitaron la tierra y la casa. Nos fuimos a la Embajada y dormíamos allí, en un salón.

Luego llegamos al acuerdo que nos daban 2.100 pesos. De ahí me fui a Pueblo Nuevo, donde vivía una cuñada. Con los 2.000 pesos me compré una casita de madera y me fui a la capital a buscar trabajo. Estuve cuatro años en una fábrica de pantalones de mujeres. No me iba muy bien. Luego trabajé en “César Iglesias”, una empresa española de la familia de Julio Iglesias, donde estuve unos 14 años.

Siempre he tenido dolores de cabeza. Mi hijo mayor, Juan Salvador V., me recomendó dejar el trabajo y me vine al campo.

¿Volver a España? ¿Con toda la familia y sin casa y sin nada, cómo iba a volver? Aquí tengo esposa y tres hijas y todos están trabajando. Uno de mis hijos se fue en una yola (patera, balsa, pequeña embarcación para emigrar ilegalmente) a Puerto Rico.

Notas de conversación con Vidal, colono en Constanza

Esto son notas de conversación tomadas a vuelapluma durante un encuentro con un grupo grande de colonos, en el Club Español de Constanza. Por lo tanto no es, ni mucho menos, la historia completa de Vidal, colono procedente de Burgos (España), y se trata solo de unos pocos recuerdos dispersos.

Los que querían irse eran muchos. Pero volver a España no era fácil. Algunos se fueron a Perú...

Teníamos que enterarnos de lo que pasaba fuera de la Colonia por vías indirectas. “Lobito” era amigo del teniente de policía y a veces en el baño le daba información.

No nos dejaban salir de la colonia. Solo dejaban trabajar fuera de la tierra a tres o cuatro. Un funcionario nos decía: si dan 2.000 pesos, les dejamos ir... Yo me hice a la idea de donde estábamos cuando “El Coronel” me dijo “¿Qué esperábais? ¿Hacer dinero e iros ricos?”

A principios de 1957 la Embajada Española dijo que el que quisiera, que se fuera. (Regresaron a España 1.500)

Muerto Trujillo, la poderosa familia de los XX – los terratenientes del valle—alentaba la ocupación de tierras. Y hubo un tiempecito que se nos metieron en las tierras, pero recurríamos a la policía y me devolvían el terreno.

El dinero de la indemnización (por las expropiaciones de 1962) no lo dieron todo de una vez. Uno me vendió una tierra, le di 3.000 pesos y me puse a sembrar. Entonces viene a reclamarme la tierra. La ocupa él y se pone a sembrar batata. Tuve que sacarle la pistola y su batata la tiré al río.

23/7/09

Conversación con Estéban Jiménez, colono en Constanza

Estéban Jiménez es un andaluz que, en plena posguerra, emigró a Valencia huyendo de la miseria. Pero en Valencia los peones también pasaban hambre y frío. Asi que cuando se enteró de la oferta de Trujillo para ir a la Dominicana no se lo pensó dos veces, a pesar de que su partida fue sangrante: él era el único que ayudaba a su padre con las vacas. Su padre no podía ordeñar por las secuelas de sus heridas de guerra (1936 - 39) y recuerda que, cuando partió, le dijo “No nos veremos más”.

Y así fue. Luego en el barco pensaba, ¿qué he hecho yo!?. Yo ni había hecho la mili. En el barco ya venía lavándome la ropa...

Cuando llegamos, hice canales a 1,5 pesos. También les sacaba papas a todos los españoles, a siete pesos / día. Teníamos un contrato muy bonito, pero luego, en la realidad... ¿Casa? : seis en cada casa. ¿Aperos? : un colín, machete y azadita. Y tierra de secano porque "era andaluz” y suponían que estaría acostumbrado a la tierra mala!. A otros les dieron regadío. El que no tenía amigos...

Hicimos una cosecha de repollo regando a mano, con botes (latas). Las pasamos negras.

Trujillo nos dio también unos mulos sin domar. Pegaban cada patada! Al final, al mío conseguí ponerle la cultivadora. Luego me hice un arado de un tronco de guayaba.

Y en 1959, cuando la guerrilla: Fueron a ¿Pinalito? los legionarios españoles (mercenarios) y cogieron a once guerrilleros. Los trajeron a un cuartel. Los mataron a bayonetazos y luego los tiraban desde un avión. Yo los veía.

20/7/09

La historia de Manuel Rivas, colono en Constanza desde 1955

Manuel Rivas nació en Galicia, pero desde 1949 trabajaba en Valencia (a unos 1.000 Kms de su tierra) haciendo muebles . Emigró a la República Dominicana en 1955 y desde entonces vive en Constanza. Lo que sigue son las notas que tomé de nuestra charla en la terraza del Club español, en Constanza.



Me apunté a la expedición y me dice un teniente de policía amigo “!Tú a donde vas! ¿A que os casen allá con negritas?” Y hacía lo posible por borrarme de la lista de aspirantes. Bueno, al final conseguí que volvieran a apuntarme y me vine.

Cuando ves que el barco se aleja de la costa dices “ya está, ya no hay vuelta atrás”. A mi me causó mucha tristeza. Nunca me pude adaptar bien.

En Tenerife vimos embarcar a los canarios, muy jóvenes. A los 2 – 3 días ya empieza el barco a fallar. Dicen que le habían puesto agua salada a la caldera. El barco escoraba. Le dice uno “Tu ves, los últimos esclavos para América”. Pasamos el viaje comiendo mal. Los médicos decían “han de acostumbrarse a comer poco.

Entre Puerto Rico y Salto Domingo, los motores dejaron de funcionar, y el barco quedó escorado en mitad del mar. Ya faltaba el agua para nosotros, para beber cuando, un domingo, nos descubrieron los aviones americanos (Trujillo no quería que se supiera lo que estaba pasando) y vino un barco a traernos agua. Fue un desastre. Al final vino una corbeta dominicana a remolcarnos.

Desembarcamos en Santo Domingo, nos hicieron misa en la catedral y el Arzobispo decía “América es como un rosal: bonito, pero con espinas” . Yo me dije “pero a donde venimos!”. Luego nos llevaron a un colegio, el del Padre Masip, y otra charla. Subimos a las guaguas y nos dicen: comeréis en el primer pueblo. Pasa el primer pueblo, el segundo.. .nada. Pasamos por Bonao y antes de llegar a Jarabacoa los importantes paran a comer en el Hotel Montaña y nosotros... a la sombra, fuera, nos sentamos en el suelo y nos dan comida local. Nosotros decíamos “¿Pero esto se come?”

Cuando llegamos, esperábamos que en las casas, al menos, hubiera water. Las casas eran de uralita (asbesto cemento), que para la salud es criminal.

Una vez instalados mirábamos por ahí. Alguno hacía amistad con algún criollo... yo no me moví mucho fuera.

No nos daban las tierras. Nunca nos dieron la tierra que nos prometieron. Empezamos a alquilar alguna tierra pero de junio a noviembre solo estuvo dos días sin llover. El agua lo arrasaba todo. Sembramos habichuelas y se morían... fue de desesperación. Éramos jóvenes, con orgullo y ganas de triunfar... y no podíamos hacer nada. Luego nos metimos en ciénagas a hacer canales. Ibamos a picar a 15 centavos el metro cúbico. Con ese dinero, algunos pudimos comprar semilla.

Tuve un poquito de suerte. Planté patata y vendí bien la cosecha.

También, nos dimos cuenta que la cabeza de vaca, el rabo y las patas las tiraban. Así que comíamos todos los días caldo hecho con cabeza, rabo y patas.

Después de la muerte de Trujillo es cuando más hemos padecido. Las siembras nos las chapeaba gente combinada con la policía. El pueblo estaba en contra nuestra, porque lo que teníamos nos lo había dado Trujillo y nos proponían que entregáramos la mitad de las tierras. Al final lo perdimos todo. Nunca tuvimos miedo, pero hemos pasado muchos disgustos. Al final, por convenio con la Embajada Española, nos indemnizaron con 2.100 pesos. A todos igual con independencia de cuanta tierra tuviera cada uno.

En 1961 quedábamos (¿En Constanza?) unos 250 emigrantes. Alguno montó un comercio, per la mayoría se fue.

Guerrilla de 1959: no ví guerrilleros, pero si mercenarios españoles. Yo venía de mi parcela. Se estaba poniendo el sol. Era domingo. Entonces salen todos esos guardias por la parte este y pasan por mi parcela. (Eran españoles que mandó Franco y que ya habían luchado con la legión francesa en Indochina).

Los guerrilleros traían dinero y compraban comida. Daban 1.000 pesos por guerrillero denunciado. Muchas mujeres les llevaban al bohío y allí les entretenían hasta que llegaban los soldados. Solo quedaron dos: Ochoa, el jefe de la expedición, y un hijo suyo. Aquello duró un mes justo. Ellos estaban en la loma pero nosotros seguíamos trabajando allí. A veces pasaba un oficial y decía “!!Ese español que hace aquí, sembrando papas con tiros por medio!”

Pero la verdad es que ya desde aquel tiempo, desde 1959, estábamos algo desconcertados “¿Qué sería del País? ¿Y de nosotros sin Trujillo? ¿Y la familia? ¿Qué íbamos a hacer en la capital con 15 pesos semanales?”. Aprendimos a ser precavidos... Hemos pasado muchos trabajos. Y, por miedo al futuro mas que por ganas de triunfar, vivíamos trabajando domingos, fiestas... sin parar. Fuimos unos esclavos.

Solo íbamos al bar por la noche y vivíamos muy unidos... hasta que vino la desintegración.

El bloqueo de la OEA nos afectó poco: insecticidas casi no se usaban y Trujillo subsidiaba el petróleo para agricultura.

En 1965, cuando vinieron los americanos (invasión de 20.000 marines) nos fue muy bien, porque nos compraban toda la comida y teníamos movimiento económico.

16/7/09

Conversación con Joaquín M., colono en Constanza entre 1955 y 1963

El texto son las notas tomadas durante la conversación con Joaquín M., español de Algemesí (Valencia) que emigró en el año 1955 y regresó a España en 1963. Joaquín M no aparece en "Dominicana, la tierra prometida" aunque su punto de vista, y experiencias similares de otros colonos, si están reflejados en el documental.



Cuando salimos de aquí, con una arroba de naranjas nos pagaban el jornal a mi padre, a mi hermano y a mi. Todos íbamos a hacer jornales (trabajar por paga) y allá nos encontramos con casa, toallas, vajilla... Nos dieron dinero para comida durante un año, nos arreglaron la boca gratis... ¿Como tengo que hablar mal? Los periodistas siempre buscan el lado malo. Pero yo estoy agradecido. Yo no me hice rico pero estuve allí porque quise. Asistido por el hospital... todo gratis. Teníamos luz y agua potable. Regábamos con agua potable. Vino el síndico de Constanza a pedirnos que regaramos con agua de acequia y no le hicimos ni caso. Allí ser español era tener media carrera.

Al principio pasábamos el tiempo jugando cartas, dominó... allí he aprendido el subastat (un juego de naipes)... muchos juegos. Eso, mientras nos preparaban la tierra.

Luego, al año, vinieron muchas mujeres españolas casadas en sus pueblos por poderes. Entonces todo el mundo se buscó alguna que le lavara la ropa, que le hiciera la comida... Como la vida era difícil, buscamos esa solución. Yo tenía una castellana que me hacía hasta el pan.

Yo tenía un campo trazado a cordel. Lo arrasaron las lluvias y Trujillo, cuando visitó Constanza, lo vio. Cuatrocientos metros de judías frente al campo de aviación... Trujillo lo vio y le dio pena. En aquel viaje, una mujer, una burgalesa, le pidió un crédito para comprar un tractor. La mujer no tenía dientes y mientras hablaba, Trujillo no dejaba de mirarle la boca. Al acabar la visita ordenó que viniera un comandante médico y nos repasara la boca a todos.

Las cosas empezaron a ponerse peor cuando Trujillo intentó matar al presidente Venezolano, a Betancourt. Entonces la OEA bloqueó la R. Dominicana. Yo estaba de presidente de la Colonia y lo viví muy de cerca: no podíamos exportar la cosecha de patatas, ni comprar insecticidas ni abonos...

Y el trato de la gente también cambió: ya no éramos “Los españoles de Trujillo” y no nos respetaban. Soltaban el ganado para que se comiera las huertas... empezaban a hacernos la vida imposible porque querían que nos fuéramos.

Algunos se quedaban porque estaban en tierras que habían comprado fuera de la Colonia... o era gente que se casó con dominicanas... Y empezamos a salir cuando las cosas se fueron poniendo peor.

¿La Guerrilla? El 14 de junio vi bajar el avión de los guerrilleros. Unos infelices con fusiles o ametralladoras. Pero no dispararon ni un tiro. Querían ganarse la simpatía de la gente. Luego vino el Ejército...

Luego hablé con Juan Bosch, con Bonilla, con el Embajador...
Era presidente de la cooperativa y, como no teníamos casi nada, juntábamos dinero para viajar a la capital. Eramos más pobres que otra cosa.

Después de la muerte de Trujillo Juan Bosch vino como candidato a Constanza. El Municipio nos pidió que fuéramos al mitin, para que hubiera más gente. Sabíamos que era de origen español y fuimos a la plaza.

Constanza es un valle muy bonito. Hay un cerro desde el que se ve como si fueras en avión, con todos los campos de diferentes colores, como un puzzle. Y Juan Bosch empieza a decir –tenia mucha labia— “Cuando llegué al alto (...) el edén, el cielo... Como Constanza no hay otra. Se me caían las lágrimas pensando en toda la sangre dominicana derramada aquí para expulsar a los españoles. Y ahora los españoles vuelven a estar aquí...”

Al oír esto me dije “xiquets, ne’m d’ací” (niños, vámos de aqui). Promoví una reunión en la Colonia y decidimos ir a hablar con Juan Bosch, que aun era candidato pero todo el mundo sabía que saldría elegido. Fuimos a su casa y nos dice “es que lo que yo hablo es una cosa y lo que haré es otra. No quiero que ustedes se vayan de la República Dominicana porque son unos maestros en su trabajo. Les necesitamos”. En fin, me desengañé completamente. Ya no me creía nada. Luego nos echaron de las tierras con indemnizaciones. Yo fui uno de los últimos en aceptarla. Había trabajado esa tierra durante ocho años y de nada la había convertido en una parcela productiva. No es que fuera muy buena tierra, pero con trabajo se le sacaba partido.

Un trabajador que yo tenía recibió mi tierra. Me dice
-“¿Qué le parece si la trabajamos a medias y repartimos la cosecha?”
--¡A medias!... !Ni hablar!

La gente ya estaba muy revuelta contra nosotros. Nos tiraban pedradas, venían por la noche con antorchas... Me volví a España.

10/7/09

Conversación con Saturnino Sierra

Saturnino es hijo de un sindicalista de UGT encarcelado por la huelga de mineros de Asturias del 34, cargo medio durante la guerra y maquis hasta el 42 aprox. Fue deportado a Valencia, donde él –Saturnino—creció y se casó. Sale de Valencia con 27 años.

En la reunión están

1.- Elisa
2.- Palmira
3.-Milagros (hermana de Palmira)
4.- Saturnino

Palmira.- XX, ex policía local de Albalat dels Sorells, también fue a la Dominicana. Volvió sin nada de dinero.

Saturnino.- Me entero en el Ayuntamiento de Silla de que están buscando colonos y, según lo que prometían, pensaba que... esperábamos un maná. Conociendo la agricultura como la conocíamos... nos hacíamos ilusiones.

Para ir allá nos casamos catorce matrimonios de Silla en la misma ceremonia, a mediados de diciembre.

El barco (el “España”) estaba para el desguace. Y el viaje, estilo tropa. Nada del trato como en los trasatlánticos de placer.

Llegamos al puerto de Ciudad Trujillo y estuvimos tres días en el barco. Luego zarpamos con rumbo NO a Samaná, otros tres días. Con motoras de la marina nos sacaban a ver aquello. Olía aquello! Olía a fritanga de pescado con aceite de coco. Luego nos bajaron en patanas, lanchas de desembarco de la marina, como las del desembarco de Normandía. No había carreteras ni puentes y nos tuvieron que bajar así. Bajamos con las maletas al hombro y el agua por la cintura.

Luego fuimos a ver los predios que nos habían prometido. Los vimos y nos preguntamos ¿qué vamos a hacer aquí? Había casas de bloques –algunas—con tejado de chapa. Y la temperatura era de cuarenta grados. Horrible!. Y luego, 24 horas al día insectos. Había que dormir metido en un mosquitero, lo que te daba más calor todavía. Había varios tipos de mosquitos, y paludismo.

Elisa.- En misa nos pasábamos el día espantando mosquitos!

Milagros.- Mi padre tuvo paludismo

Elisa.- Y yo

Palmira.- Y yo

Saturnino.- Y las mujeres tuvieron que ponerse pantalones, que entonces no se llevaba. Les dejamos pantalones nuestros.

Siempre que había que decir algo venían a mí. Sobre todo los gallegos, que eran muy cerrados y no se entendían con los dominicanos.

Mataron a dos gallegos, por delincuencia común. Uno, cuando acababa de recoger la cosecha y tenía el dinero en casa.

Yo vivía frente al cuartel de la Guardia Nacional. Me llamaban “España”. En uno de los asesinatos me llevaron de testigo. Yo tuve que ir a los juzgados y todo. El hombre llevaba allí tres días muerto y se enteró otro vecino porque vio a la mula atada...

Para explanar tierras para nosotros arrancaron árboles centenarios que valían una fortuna. Total para allanar unos terrenos que luego no valían para nada. Los predios que me dieron no valían para nada. Ni para piña. En los años que estuve allí no conseguí ni una sola cosecha.

Palmira.- La de mi padre era buena

Saturnino.- Era una lotería.

Palmira.- Cada uno iba eligiendo

Saturnino- pero si no conocías nada que ibas a elegir?. En cada casa, según iban llegando, dejaban una familia. La colonia de punta a punta mediría unos tres – cuatro kms.

Palmira.- pues a mi me parecía muy grande...

Saturnino.- Yo, la sensación que tuve fue de desilusión total. Las ilusiones, por tierra. Y luego, los nativos que tenían resquemores. A mi me decían que era un español jodón, pero me respetaban. Había ambiente de miedo.

El año 57 cuando se fue la mayoría de colonos (volvieron 1.500 de un total de 4.600), yo me quedé porque tenía familia en México y esperaba una oportunidad para irme allí. Yo la Dominicana ya la tenía descartada.

Elisa.- Para salir de la colonia, el cura hacía las gestiones. Sobre todo si tenías que ir a hablar con alguien.

Saturnino.- Las protestas es lo que no permitían

Palmira.- Que no se vendía el cacao y íbamos a protestar.

Saturnino.- Iban diciendo “ahorita”, que es el año que viene. En todos los bohíos había un retrato de Trujillo y un lema “En esta casa Trujillo es el jefe”

Teníamos una desmoralización total. Habíamos dejado nuestra casa, país, familia... y la mejora no se ve. Había corrillos que protestaban. A veces nos reuníamos con el jefe de la colonia y él, con mucha diplomacia, nos trataba de calmar: “ahorita, ahorita...”

¿Cómo nos divertíamos? De ninguna manera. Había un barucho...bueno, cuatro palos y un sombrajo, donde en un tocadiscos ponían merengue. Pero yo eso del merengue no... aburrimiento total y absoluto.

El Padre Salvador (un español joven, párroco de Baoba) organizaba tómbolas benéficas y yo, que estuve un año brazo sobre brazo porque no me daban tierras, le ayudaba. Era mañoso. Hacía hamacas de madera... Le ayudé a construir dos iglesias, una acabada y la otra casi. Me faltó el campanario. Una estaba a la entrada de Baboba y la otra en “Las Gordas”, yendo hacia Julia Molina, que ahora se llama Nagua. Y también hice un sistema para recargar baterías de coche con una dinamo y un molinillo de viento. Con esas baterías se iluminaba la tómbola.

Un buen día, por la mañana, viene la policía a mi casa:
--“España, ha dicho el jefe que le trasladen a la capital”.

Allí la policía no tenía transporte propio. Utilizaban el vehículo que les venía en gana. Así que pararon un camión en la carretera, el primero que pasó, y nos subimos ahí. Con ese camión llegamos a San Francisco Macorix. Allí me encontré con el Padre Salvador, que le habían dado 24 horas para abandonar el país. Bueno. Gracias al encuentro con el Padre Salvador, se supo a donde me llevaban detenido. En San Francisco Macorís los policías pararon otro camión y me llevaron a la capital.

La policía incautaba lo que quería. Para vigilar la costa, por ejemplo, cogían a cualquier paisano, le quitaban el machete y la cédula y le ponían a vigilar. Luego, al cabo de unas horas o un día volvían a por él y le devolvían sus papeles.

Llego a Ciudad Trujillo y me ingresan en la cárcel “La Victoria”, una vieja fortaleza de piedra. No pude ver casi nada de cómo era. Simplemente me metieron allí.

El ingreso no fue especial. No estuve en celdas, ni me dieron instrucciones previas... nada. Simplemente me metieron allí.

Yo tenía un cabreoo!!. Me había dejado fuera la mujer y los tres hijos, la mayor de tres años y medio. Y ellos vivieron ese tiempo de la pequeña subvención que nos daban. Sin saber si yo estaba vivo o muerto.

Estábamos recluidos en una celda comunitaria, unos 120 o 130 presos. Políticos y comunes mezclados. El trato de los carceleros no era especialmente malo

Para comer nos daban una sopa de maíz. No había comedor. Cuando repartían la comida se formaba una cola, la recogías y te ibas a la celda o a donde fuera a comértelo. Necesitabas un recipiente en el que recogerlo porque en la cárcel no te lo daban. Un cacillo, una lata... algo. Yo no tenía. Había que agenciarse uno como fuera. Acabé comprándoles la comida a los soldados. Me costaba 50 centavos diarios, que era una fortuna, casi el salario de un obrero.

En la cárcel me hice amigo de los supuestos opositores de Trujillo. Como estaba muy enfadado, me ofrecí a ayudarles en lo que necesitaran.

En una ocasión me sacaron de la celda, por la noche, para interrogarme. Me llevaban a los sótanos del hipódromo, el “Perla Antillana”. La acusación no oficial –porque nunca me acusaron oficialmente de nada—era ayudar o haber construido una emisora para la insurgencia. Supongo que se referirían a las baterías que usábamos en la tómbola. O por ayudar al padre Salvador, que también le consideraban subversivo. Decían que nos comunicábamos con Fidel Castro.

Los interrogatorios eran duros: golpes , manotazos... había uno que era el jefe y cuando te preguntaban y no contestabas te sacudía con la mano o con un látigo. Pero no llegaron a torturarme.

No eran profesionales. Andaban muy despistados.

En Puerto Rico llegó a publicarse la noticia de mi muerte, creo que a principios de diciembre del 59.

Así estuve más de un mes, hasta que un día me sacaron de la cárcel y me metieron en un barco, el Ascania, donde me esperaba mi familia. El Padre Salvador debió mover embajadas, o algo, para que me localizaran y me soltaran. En el pasaporte me pusieron el cuño de deportado. Y llegamos a Vigo... no se, sería el 19 o el 20 de diciembre de 1959. ¿Cómo me sentí cuando llegué a España? En España!


Elisa.- Uno de Almussafes vive en Puerto Plata. Se casó con una chica de allá. En Almussafes le llaman “El dominicano”. Tiene una cadena de supermercados en la ciudad. Creo que se llama XX y que el mote de su familia en el pueblo es “XX”. Es el único de los que se quedaron por allí que ahora es rico.

En el barco también había un polizón. Que luego Trujillo le permitió quedarse en las mismas condiciones que nosotros

Yo me acuerdo de la despedida que nos hicieron en Almussafes. Íbamos en dos autobuses, muy despacio, con la banda de música atrás, tocando. Y una mujer agitaba banderas... Recuerdo una canción que identificaba a los dominicanos “A mi me llaman el negrito... porque el trabajo es mi enemigo... el trabajo para el buey”

Saturnino.-
Hay otra más clara. El negro dice “El trabajo lo hizo Dios como castigo. Que trabaje el blanco que es un pendejo”

Elisa.- Había jefes de grupo, los grupos los formaban los del mismo pueblo. José XX era le jefe del grupo de Sollana. Antes había sido alcalde de Sollana.