30/09/09
Proyección del documental en Silla y en Televisión Valenciana Internacional
El documental se pasará en Silla, en la Cámara Agraria, el día 5 de noviembre, jueves, a las 7 de la tarde, en el marco de la "Setmana de la interculturalitat" Participarán en el coloquio algunas de las protagonistas.
TELEVISION VALENCIANA INTERNACIONAL
el miércoles día 3 de noviembre, a la 1 de la madrugada hora española, se emitirá el documental "Dominicana, la tierra prometida" en versión valenciana. El satélite de Televisión Valenciana no cubre América Latina, pero el documental podrá verse en directo por internet, en http://www.tvvi.es/, pinchando en el recuadro "Live - directo"
12/08/09
"Dominicana, la tierra prometida" seleccionada por la "Mostra de Valencia"
30/07/09
Entrevista previa con Francisco Marí, que llegó a la República Dominicana como colono
El papá mío se apuntó dos veces (para emigrar a R.D.) y lo borraron dos veces. Hasta que mi padre se hartó y le dijo a un español, que se llamaba el Paco el Casero:
--Mira, si se va la expedición y yo no me voy, me lío a tiros.
--¿Eso es lo que quieres? Pues vamos! El que te está borrando es tu amigo!
El amigo de mi padre era jefe de las Juventudes de Franco. Habló con él y le dice
--No te vayas. Tú eres pobre pero aquí te necesito. Ya saldrás adelante.
Bueno. En el pueblo tiraron una traca para despedirnos. Mi mamá acababa de dar a luz a la última niña. Y subimos al barco. Cuando salíamos del puerto, contento no podía estar nadie porque dejaban su tierra.
Al llegar a Samaná vino a buscarnos una barcaza, dio la vuelta a la costa y desembarcamos en “La entrada”. Nos sacaban a la arena. Ahí nos tiraron como puercos a la guagua
Cuando llegamos, todo era mentira. Cámara (el reclutador de colonos en España) nos vendió como sardinas malas. Dijeron que era tierra de regadío y... nada parecido: era monte. Monte y mosquitos. Había mosquitos que sabían leer y escribir. Vinieron unas viejas españolas que se les infectaron las piernas. Esos se fueron pronto. Yo era pequeño, pero me daba perfecta cuenta de que todo era mentira.
Cuando llegamos aquí los hombres tenían dos mujeres, y los niños les besaban la mano a los mayores
En La Boca había muchos dominicanos. Hasta una tiendecita. Pero la mayoría de los dominicanos vivían junto a la costa, porque hay menos mosquitos y se está mejor.
Un amigo de mi padre, para poder comer picó un trozo de tierra, hizo el semillero con unas semillas de tomate que trajo de España en una botella tapada con un tapón de corcho y eso fue lo primero que hizo.
El maní, muchas veces lo sembrabas y había que esperar, a ver si llovía. Porque no había regadío.
¿Si la gente estaba enfadada? Me cague’n la mare que els ha parit! (expresión valenciana de enojo) Ahí se volvían unos diablos. Bravos. Pero no hacían nada porque lo que tenían que haberles dicho (a los directores de colonia) es “Ven, que te arreglamos”
Todos los españoles protestaron porque no había nada. A alguno lo llevaban (detenido) de noche. Venían los cepillos (coches de la policía política trujillista) y se los llevaban con los pies colgando. Y luego los mandaban para España. De madrugada venían a por él y la mujer se quedaba llorando. Había un XX español que era uno de los chivatos. Mi papá le dijo un día: “Tu eres el chivato: y por tu culpa se llevaron a tal y tal”. Ese oía todas las conversaciones de los españoles... si, se llevaron a dos o tres. También había un colono que era chivato.
Nos dieron unas casas, escampadas, que parecían cuarteles. Dentro hacía un calor que parecía una panadería. Se comentaba que Trujillo no mandó hacer las casas así y que mató al que las hizo.
No nos dieron herramientas. Si que nos dieron un mulo sin amansar. Trujillo le decía a cualquier millonario:
--regalen 50 ó 100 mulos.
Y vinieron animales buenos, pero se los quedaba alguien por el camino y los malos se los daban a los españoles.
Una vez, los españoles de Vista Linda hicieron un bote para irse, porque les tiraron a unas arenas donde había unos pájaros que toda la cosecha se la comían, y no veían futuro. Pero al final no pudieron escapar. Les agarraron.
También había gente que estaba conforme, porque les daban como 60 pesos al mes. Primero les daban comida que ellos no conocían y dijeron que mejor se lo dieran en dinero y cada cual se compraba lo suyo
Para darnos las tierras sacaron a los que había aquí. Algunos se fueron huyendo, porque si no los ahorcaban. La mayoría se fueron huyendo.
Estuvimos cuatro o cinco meses esperando la tierra porque estaban los bulldozers trabajando, desbrozando selva, porque había “malla”. De noche se oía el ruido de las máquinas. Luego fueron apilando la madera y entonces entraron los tractores. Y había piedras. Las partían y las mezclaban con la tierra. Pero barrieron la flor de la tierra.
¿Mi padre? Mi padre estaba contento. Todo el día de fiesta. También había una vellonera que trajo Francisco Vélez, dominicano, alcalde de Baoba, y que estaba frente a la iglesia. Ahí iban todos los españoles solteros. Le ponías 5 centavos y tocaba el disco que tu querías. Peleas, allí, no había.
Cuando se normalizó, hacíamos yuca, tomate, habichuela, maní... Con un rastrillo de boniato mi padre aró la tierra. Y con el mismo pié hacía las calles. Y le salían derechitas. La primera cosecha de maní fue buena, unos 200 sacos, y ya nos quitaron el subsidio. Algunos estuvieron cobrándolo 3,4,5 años, porque no trabajaban.
La cosecha de maní se la vendíamos a “La Manisera” que era... ¿del Gobierno? Era Trujillo el que tenía... tenía una parte de todo. Mi padre le compró la cultivadora a La Manisera.
Yo iba con un caballo con cuatro aguaderas, a vender agua a los españoles
En el 59 estuvieron en mi casa los legionarios (mercenarios españoles que trujillo contrató para luchar contra los guerrilleros). Se lo comían todo. Eran brutos, ordinarios... Vinieron porque dos o tres cubanos se metieron por la zona.
El año 60, la mariposa se comió el maní (quiere decir que se pudrió en los almacenes). Lo tuvieron que dar a dos pesos cuando valía 8 el quintal. En mi casa no vendieron y estuvimos 6 – 7 meses con el maní, que se lo comía un gusanito de la tela.
Aquí hubo españoles que pasaron mucho trabajo. Por aquí era arroz y no tenía canal. El canal lo hicieron ellos con una yunta de buey. (El canal esta saliendo de Payita hacia Nagua, a 500 mts, junto a la antena)
El 61 ya quedábamos pocos. Vinieron las turbas. Iban casa por casa con los colines (machetes). A mi casa no vinieron, porque yo cargaba un colín largo. Robaron los mulos, mocharon los alambres... Ahí se fueron algunos españoles más, pero ya quedábamos pocos.
A mi me robaron 28 animales. La juventud mía, la robaron. Allí había de todo: militares, el diablo, su papá...
El 62 hubo carta blanca. Ahí si tuvieron que irse muchos. Ahí fue lo grande. Vino Bosch a Baoba yo no fui, porque estaba trabajando con el maní, pero me lo contaron: que a los españoles había que quitarles la tierra para que se fueran. Pero el maní ya no se daba. Estaba la tierra agotada. Ahora parece un monte pero esto estaba desolado. No dejaron nada. Vinieron dos o tres (funcionarios?) y les dijeron que les indemnizaban por las tierras. Muchos españoles se fueron para la Embajada, a refugiarse, pero era un desastre. Mi mamá se fue con dos hermanas. Y aquí solo nos quedamos tres o cuatro. En San Rafael, se quedaron más: unas 15 familias.
28/07/09
Conversación con Juan V. Colono en Baoba - El Cruce
Juan V. es andaluz, de Almería, (sur - este de España) pero en la postguera española emigró a Valencia (este de España) huyendo del hambre. En 1954, con la primera expedición de colonos contratados por Trujillo, se embarcó en el España. Llegó a la República Dominicana con unos 30 años, acompañando a la familia de su primo. El primo se volvió de los primeros.
Al principio fue un poco duro: En Santo Domingo, después de hacernos una misa nos llevaron al barco otra vez. Desde allí, lo más lento que se podía ir, hasta Samaná (la bahía) y allí nos tuvieron subidos en el barco una o dos semanas. A veces nos bajaban a Sánchez para que nos diéramos una vuelta y otra vez al barco, a esperar. Luego a mi grupo le llevaron en camioneta hasta Matancita y allí nos subieron en una barcaza que nos llevó hasta La Entrada y pasamos el río por La Boca. Total, no recuerdo si estuvimos dos o tres semanas para llegar hasta “El Pozo”, a una cárcel. Y allí nos instalaron provisionalmente.
Lo primero que recuerdo de aquí son los mosquitos. Los je-jen. Llegamos por la noche y nos trajeron comida. Si nos hubieran dicho “ahí está la barcaza para el que quiera volver, nos habríamos vuelto todos”
El Pozo era de Trujillo. Ahí se llevaba a los presos a trabajar. Esto era todo árboles, que no se veía. Al cabo de un par de meses le dieron la tierra a mi primo. Yo me casé al año y entonces me dieron casa.
El 62 vinieron “las turbas” (grupos que hostigaban a los colonos para que devolvieran las tierras que Trujillo les había expropiado). Dijeron que nos iban a quitar hasta las mujeres, porque eran dominicanas. Conmigo personalmente no se metieron pero nos quitaron la tierra y la casa. Nos fuimos a la Embajada y dormíamos allí, en un salón.
Luego llegamos al acuerdo que nos daban 2.100 pesos. De ahí me fui a Pueblo Nuevo, donde vivía una cuñada. Con los 2.000 pesos me compré una casita de madera y me fui a la capital a buscar trabajo. Estuve cuatro años en una fábrica de pantalones de mujeres. No me iba muy bien. Luego trabajé en “César Iglesias”, una empresa española de la familia de Julio Iglesias, donde estuve unos 14 años.
Siempre he tenido dolores de cabeza. Mi hijo mayor, Juan Salvador V., me recomendó dejar el trabajo y me vine al campo.
¿Volver a España? ¿Con toda la familia y sin casa y sin nada, cómo iba a volver? Aquí tengo esposa y tres hijas y todos están trabajando. Uno de mis hijos se fue en una yola (patera, balsa, pequeña embarcación para emigrar ilegalmente) a Puerto Rico.
Notas de conversación con Vidal, colono en Constanza
Esto son notas de conversación tomadas a vuelapluma durante un encuentro con un grupo grande de colonos, en el Club Español de Constanza. Por lo tanto no es, ni mucho menos, la historia completa de Vidal, colono procedente de Burgos (España), y se trata solo de unos pocos recuerdos dispersos.
Los que querían irse eran muchos. Pero volver a España no era fácil. Algunos se fueron a Perú...
Teníamos que enterarnos de lo que pasaba fuera de la Colonia por vías indirectas. “Lobito” era amigo del teniente de policía y a veces en el baño le daba información.
No nos dejaban salir de la colonia. Solo dejaban trabajar fuera de la tierra a tres o cuatro. Un funcionario nos decía: si dan 2.000 pesos, les dejamos ir... Yo me hice a la idea de donde estábamos cuando “El Coronel” me dijo “¿Qué esperábais? ¿Hacer dinero e iros ricos?”
A principios de 1957 la Embajada Española dijo que el que quisiera, que se fuera. (Regresaron a España 1.500)
Muerto Trujillo, la poderosa familia de los XX – los terratenientes del valle—alentaba la ocupación de tierras. Y hubo un tiempecito que se nos metieron en las tierras, pero recurríamos a la policía y me devolvían el terreno.
El dinero de la indemnización (por las expropiaciones de 1962) no lo dieron todo de una vez. Uno me vendió una tierra, le di 3.000 pesos y me puse a sembrar. Entonces viene a reclamarme la tierra. La ocupa él y se pone a sembrar batata. Tuve que sacarle la pistola y su batata la tiré al río.
23/07/09
Conversación con Estéban Jiménez, colono en Constanza
Y así fue. Luego en el barco pensaba, ¿qué he hecho yo!?. Yo ni había hecho la mili. En el barco ya venía lavándome la ropa...
Cuando llegamos, hice canales a 1,5 pesos. También les sacaba papas a todos los españoles, a siete pesos / día. Teníamos un contrato muy bonito, pero luego, en la realidad... ¿Casa? : seis en cada casa. ¿Aperos? : un colín, machete y azadita. Y tierra de secano porque "era andaluz” y suponían que estaría acostumbrado a la tierra mala!. A otros les dieron regadío. El que no tenía amigos...
Hicimos una cosecha de repollo regando a mano, con botes (latas). Las pasamos negras.
Trujillo nos dio también unos mulos sin domar. Pegaban cada patada! Al final, al mío conseguí ponerle la cultivadora. Luego me hice un arado de un tronco de guayaba.
Y en 1959, cuando la guerrilla: Fueron a ¿Pinalito? los legionarios españoles (mercenarios) y cogieron a once guerrilleros. Los trajeron a un cuartel. Los mataron a bayonetazos y luego los tiraban desde un avión. Yo los veía.
20/07/09
La historia de Manuel Rivas, colono en Constanza desde 1955
Me apunté a la expedición y me dice un teniente de policía amigo “!Tú a donde vas! ¿A que os casen allá con negritas?” Y hacía lo posible por borrarme de la lista de aspirantes. Bueno, al final conseguí que volvieran a apuntarme y me vine.
Cuando ves que el barco se aleja de la costa dices “ya está, ya no hay vuelta atrás”. A mi me causó mucha tristeza. Nunca me pude adaptar bien.
En Tenerife vimos embarcar a los canarios, muy jóvenes. A los 2 – 3 días ya empieza el barco a fallar. Dicen que le habían puesto agua salada a la caldera. El barco escoraba. Le dice uno “Tu ves, los últimos esclavos para América”. Pasamos el viaje comiendo mal. Los médicos decían “han de acostumbrarse a comer poco.
Entre Puerto Rico y Salto Domingo, los motores dejaron de funcionar, y el barco quedó escorado en mitad del mar. Ya faltaba el agua para nosotros, para beber cuando, un domingo, nos descubrieron los aviones americanos (Trujillo no quería que se supiera lo que estaba pasando) y vino un barco a traernos agua. Fue un desastre. Al final vino una corbeta dominicana a remolcarnos.
Desembarcamos en Santo Domingo, nos hicieron misa en la catedral y el Arzobispo decía “América es como un rosal: bonito, pero con espinas” . Yo me dije “pero a donde venimos!”. Luego nos llevaron a un colegio, el del Padre Masip, y otra charla. Subimos a las guaguas y nos dicen: comeréis en el primer pueblo. Pasa el primer pueblo, el segundo.. .nada. Pasamos por Bonao y antes de llegar a Jarabacoa los importantes paran a comer en el Hotel Montaña y nosotros... a la sombra, fuera, nos sentamos en el suelo y nos dan comida local. Nosotros decíamos “¿Pero esto se come?”
Cuando llegamos, esperábamos que en las casas, al menos, hubiera water. Las casas eran de uralita (asbesto cemento), que para la salud es criminal.
Una vez instalados mirábamos por ahí. Alguno hacía amistad con algún criollo... yo no me moví mucho fuera.
No nos daban las tierras. Nunca nos dieron la tierra que nos prometieron. Empezamos a alquilar alguna tierra pero de junio a noviembre solo estuvo dos días sin llover. El agua lo arrasaba todo. Sembramos habichuelas y se morían... fue de desesperación. Éramos jóvenes, con orgullo y ganas de triunfar... y no podíamos hacer nada. Luego nos metimos en ciénagas a hacer canales. Ibamos a picar a 15 centavos el metro cúbico. Con ese dinero, algunos pudimos comprar semilla.
Tuve un poquito de suerte. Planté patata y vendí bien la cosecha.
También, nos dimos cuenta que la cabeza de vaca, el rabo y las patas las tiraban. Así que comíamos todos los días caldo hecho con cabeza, rabo y patas.
Después de la muerte de Trujillo es cuando más hemos padecido. Las siembras nos las chapeaba gente combinada con la policía. El pueblo estaba en contra nuestra, porque lo que teníamos nos lo había dado Trujillo y nos proponían que entregáramos la mitad de las tierras. Al final lo perdimos todo. Nunca tuvimos miedo, pero hemos pasado muchos disgustos. Al final, por convenio con la Embajada Española, nos indemnizaron con 2.100 pesos. A todos igual con independencia de cuanta tierra tuviera cada uno.
En 1961 quedábamos (¿En Constanza?) unos 250 emigrantes. Alguno montó un comercio, per la mayoría se fue.
Guerrilla de 1959: no ví guerrilleros, pero si mercenarios españoles. Yo venía de mi parcela. Se estaba poniendo el sol. Era domingo. Entonces salen todos esos guardias por la parte este y pasan por mi parcela. (Eran españoles que mandó Franco y que ya habían luchado con la legión francesa en Indochina).
Los guerrilleros traían dinero y compraban comida. Daban 1.000 pesos por guerrillero denunciado. Muchas mujeres les llevaban al bohío y allí les entretenían hasta que llegaban los soldados. Solo quedaron dos: Ochoa, el jefe de la expedición, y un hijo suyo. Aquello duró un mes justo. Ellos estaban en la loma pero nosotros seguíamos trabajando allí. A veces pasaba un oficial y decía “!!Ese español que hace aquí, sembrando papas con tiros por medio!”
Pero la verdad es que ya desde aquel tiempo, desde 1959, estábamos algo desconcertados “¿Qué sería del País? ¿Y de nosotros sin Trujillo? ¿Y la familia? ¿Qué íbamos a hacer en la capital con 15 pesos semanales?”. Aprendimos a ser precavidos... Hemos pasado muchos trabajos. Y, por miedo al futuro mas que por ganas de triunfar, vivíamos trabajando domingos, fiestas... sin parar. Fuimos unos esclavos.
Solo íbamos al bar por la noche y vivíamos muy unidos... hasta que vino la desintegración.
El bloqueo de la OEA nos afectó poco: insecticidas casi no se usaban y Trujillo subsidiaba el petróleo para agricultura.
En 1965, cuando vinieron los americanos (invasión de 20.000 marines) nos fue muy bien, porque nos compraban toda la comida y teníamos movimiento económico.
16/07/09
Conversación con Joaquín M., colono en Constanza entre 1955 y 1963
Cuando salimos de aquí, con una arroba de naranjas nos pagaban el jornal a mi padre, a mi hermano y a mi. Todos íbamos a hacer jornales (trabajar por paga) y allá nos encontramos con casa, toallas, vajilla... Nos dieron dinero para comida durante un año, nos arreglaron la boca gratis... ¿Como tengo que hablar mal? Los periodistas siempre buscan el lado malo. Pero yo estoy agradecido. Yo no me hice rico pero estuve allí porque quise. Asistido por el hospital... todo gratis. Teníamos luz y agua potable. Regábamos con agua potable. Vino el síndico de Constanza a pedirnos que regaramos con agua de acequia y no le hicimos ni caso. Allí ser español era tener media carrera.
Al principio pasábamos el tiempo jugando cartas, dominó... allí he aprendido el subastat (un juego de naipes)... muchos juegos. Eso, mientras nos preparaban la tierra.
Luego, al año, vinieron muchas mujeres españolas casadas en sus pueblos por poderes. Entonces todo el mundo se buscó alguna que le lavara la ropa, que le hiciera la comida... Como la vida era difícil, buscamos esa solución. Yo tenía una castellana que me hacía hasta el pan.
Yo tenía un campo trazado a cordel. Lo arrasaron las lluvias y Trujillo, cuando visitó Constanza, lo vio. Cuatrocientos metros de judías frente al campo de aviación... Trujillo lo vio y le dio pena. En aquel viaje, una mujer, una burgalesa, le pidió un crédito para comprar un tractor. La mujer no tenía dientes y mientras hablaba, Trujillo no dejaba de mirarle la boca. Al acabar la visita ordenó que viniera un comandante médico y nos repasara la boca a todos.
Las cosas empezaron a ponerse peor cuando Trujillo intentó matar al presidente Venezolano, a Betancourt. Entonces la OEA bloqueó la R. Dominicana. Yo estaba de presidente de la Colonia y lo viví muy de cerca: no podíamos exportar la cosecha de patatas, ni comprar insecticidas ni abonos...
Y el trato de la gente también cambió: ya no éramos “Los españoles de Trujillo” y no nos respetaban. Soltaban el ganado para que se comiera las huertas... empezaban a hacernos la vida imposible porque querían que nos fuéramos.
Algunos se quedaban porque estaban en tierras que habían comprado fuera de la Colonia... o era gente que se casó con dominicanas... Y empezamos a salir cuando las cosas se fueron poniendo peor.
¿La Guerrilla? El 14 de junio vi bajar el avión de los guerrilleros. Unos infelices con fusiles o ametralladoras. Pero no dispararon ni un tiro. Querían ganarse la simpatía de la gente. Luego vino el Ejército...
Luego hablé con Juan Bosch, con Bonilla, con el Embajador...
Era presidente de la cooperativa y, como no teníamos casi nada, juntábamos dinero para viajar a la capital. Eramos más pobres que otra cosa.
Después de la muerte de Trujillo Juan Bosch vino como candidato a Constanza. El Municipio nos pidió que fuéramos al mitin, para que hubiera más gente. Sabíamos que era de origen español y fuimos a la plaza.
Constanza es un valle muy bonito. Hay un cerro desde el que se ve como si fueras en avión, con todos los campos de diferentes colores, como un puzzle. Y Juan Bosch empieza a decir –tenia mucha labia— “Cuando llegué al alto (...) el edén, el cielo... Como Constanza no hay otra. Se me caían las lágrimas pensando en toda la sangre dominicana derramada aquí para expulsar a los españoles. Y ahora los españoles vuelven a estar aquí...”
Al oír esto me dije “xiquets, ne’m d’ací” (niños, vámos de aqui). Promoví una reunión en la Colonia y decidimos ir a hablar con Juan Bosch, que aun era candidato pero todo el mundo sabía que saldría elegido. Fuimos a su casa y nos dice “es que lo que yo hablo es una cosa y lo que haré es otra. No quiero que ustedes se vayan de la República Dominicana porque son unos maestros en su trabajo. Les necesitamos”. En fin, me desengañé completamente. Ya no me creía nada. Luego nos echaron de las tierras con indemnizaciones. Yo fui uno de los últimos en aceptarla. Había trabajado esa tierra durante ocho años y de nada la había convertido en una parcela productiva. No es que fuera muy buena tierra, pero con trabajo se le sacaba partido.
Un trabajador que yo tenía recibió mi tierra. Me dice
-“¿Qué le parece si la trabajamos a medias y repartimos la cosecha?”
--¡A medias!... !Ni hablar!
La gente ya estaba muy revuelta contra nosotros. Nos tiraban pedradas, venían por la noche con antorchas... Me volví a España.
10/07/09
Conversación con Saturnino Sierra
En la reunión están
1.- Elisa
2.- Palmira
3.-Milagros (hermana de Palmira)
4.- Saturnino
Palmira.- XX, ex policía local de Albalat dels Sorells, también fue a la Dominicana. Volvió sin nada de dinero.
Saturnino.- Me entero en el Ayuntamiento de Silla de que están buscando colonos y, según lo que prometían, pensaba que... esperábamos un maná. Conociendo la agricultura como la conocíamos... nos hacíamos ilusiones.
Para ir allá nos casamos catorce matrimonios de Silla en la misma ceremonia, a mediados de diciembre.
El barco (el “España”) estaba para el desguace. Y el viaje, estilo tropa. Nada del trato como en los trasatlánticos de placer.
Llegamos al puerto de Ciudad Trujillo y estuvimos tres días en el barco. Luego zarpamos con rumbo NO a Samaná, otros tres días. Con motoras de la marina nos sacaban a ver aquello. Olía aquello! Olía a fritanga de pescado con aceite de coco. Luego nos bajaron en patanas, lanchas de desembarco de la marina, como las del desembarco de Normandía. No había carreteras ni puentes y nos tuvieron que bajar así. Bajamos con las maletas al hombro y el agua por la cintura.
Luego fuimos a ver los predios que nos habían prometido. Los vimos y nos preguntamos ¿qué vamos a hacer aquí? Había casas de bloques –algunas—con tejado de chapa. Y la temperatura era de cuarenta grados. Horrible!. Y luego, 24 horas al día insectos. Había que dormir metido en un mosquitero, lo que te daba más calor todavía. Había varios tipos de mosquitos, y paludismo.
Elisa.- En misa nos pasábamos el día espantando mosquitos!
Milagros.- Mi padre tuvo paludismo
Elisa.- Y yo
Palmira.- Y yo
Saturnino.- Y las mujeres tuvieron que ponerse pantalones, que entonces no se llevaba. Les dejamos pantalones nuestros.
Siempre que había que decir algo venían a mí. Sobre todo los gallegos, que eran muy cerrados y no se entendían con los dominicanos.
Mataron a dos gallegos, por delincuencia común. Uno, cuando acababa de recoger la cosecha y tenía el dinero en casa.
Yo vivía frente al cuartel de la Guardia Nacional. Me llamaban “España”. En uno de los asesinatos me llevaron de testigo. Yo tuve que ir a los juzgados y todo. El hombre llevaba allí tres días muerto y se enteró otro vecino porque vio a la mula atada...
Para explanar tierras para nosotros arrancaron árboles centenarios que valían una fortuna. Total para allanar unos terrenos que luego no valían para nada. Los predios que me dieron no valían para nada. Ni para piña. En los años que estuve allí no conseguí ni una sola cosecha.
Palmira.- La de mi padre era buena
Saturnino.- Era una lotería.
Palmira.- Cada uno iba eligiendo
Saturnino- pero si no conocías nada que ibas a elegir?. En cada casa, según iban llegando, dejaban una familia. La colonia de punta a punta mediría unos tres – cuatro kms.
Palmira.- pues a mi me parecía muy grande...
Saturnino.- Yo, la sensación que tuve fue de desilusión total. Las ilusiones, por tierra. Y luego, los nativos que tenían resquemores. A mi me decían que era un español jodón, pero me respetaban. Había ambiente de miedo.
El año 57 cuando se fue la mayoría de colonos (volvieron 1.500 de un total de 4.600), yo me quedé porque tenía familia en México y esperaba una oportunidad para irme allí. Yo la Dominicana ya la tenía descartada.
Elisa.- Para salir de la colonia, el cura hacía las gestiones. Sobre todo si tenías que ir a hablar con alguien.
Saturnino.- Las protestas es lo que no permitían
Palmira.- Que no se vendía el cacao y íbamos a protestar.
Saturnino.- Iban diciendo “ahorita”, que es el año que viene. En todos los bohíos había un retrato de Trujillo y un lema “En esta casa Trujillo es el jefe”
Teníamos una desmoralización total. Habíamos dejado nuestra casa, país, familia... y la mejora no se ve. Había corrillos que protestaban. A veces nos reuníamos con el jefe de la colonia y él, con mucha diplomacia, nos trataba de calmar: “ahorita, ahorita...”
¿Cómo nos divertíamos? De ninguna manera. Había un barucho...bueno, cuatro palos y un sombrajo, donde en un tocadiscos ponían merengue. Pero yo eso del merengue no... aburrimiento total y absoluto.
El Padre Salvador (un español joven, párroco de Baoba) organizaba tómbolas benéficas y yo, que estuve un año brazo sobre brazo porque no me daban tierras, le ayudaba. Era mañoso. Hacía hamacas de madera... Le ayudé a construir dos iglesias, una acabada y la otra casi. Me faltó el campanario. Una estaba a la entrada de Baboba y la otra en “Las Gordas”, yendo hacia Julia Molina, que ahora se llama Nagua. Y también hice un sistema para recargar baterías de coche con una dinamo y un molinillo de viento. Con esas baterías se iluminaba la tómbola.
Un buen día, por la mañana, viene la policía a mi casa:
--“España, ha dicho el jefe que le trasladen a la capital”.
Allí la policía no tenía transporte propio. Utilizaban el vehículo que les venía en gana. Así que pararon un camión en la carretera, el primero que pasó, y nos subimos ahí. Con ese camión llegamos a San Francisco Macorix. Allí me encontré con el Padre Salvador, que le habían dado 24 horas para abandonar el país. Bueno. Gracias al encuentro con el Padre Salvador, se supo a donde me llevaban detenido. En San Francisco Macorís los policías pararon otro camión y me llevaron a la capital.
La policía incautaba lo que quería. Para vigilar la costa, por ejemplo, cogían a cualquier paisano, le quitaban el machete y la cédula y le ponían a vigilar. Luego, al cabo de unas horas o un día volvían a por él y le devolvían sus papeles.
Llego a Ciudad Trujillo y me ingresan en la cárcel “La Victoria”, una vieja fortaleza de piedra. No pude ver casi nada de cómo era. Simplemente me metieron allí.
El ingreso no fue especial. No estuve en celdas, ni me dieron instrucciones previas... nada. Simplemente me metieron allí.
Yo tenía un cabreoo!!. Me había dejado fuera la mujer y los tres hijos, la mayor de tres años y medio. Y ellos vivieron ese tiempo de la pequeña subvención que nos daban. Sin saber si yo estaba vivo o muerto.
Estábamos recluidos en una celda comunitaria, unos 120 o 130 presos. Políticos y comunes mezclados. El trato de los carceleros no era especialmente malo
Para comer nos daban una sopa de maíz. No había comedor. Cuando repartían la comida se formaba una cola, la recogías y te ibas a la celda o a donde fuera a comértelo. Necesitabas un recipiente en el que recogerlo porque en la cárcel no te lo daban. Un cacillo, una lata... algo. Yo no tenía. Había que agenciarse uno como fuera. Acabé comprándoles la comida a los soldados. Me costaba 50 centavos diarios, que era una fortuna, casi el salario de un obrero.
En la cárcel me hice amigo de los supuestos opositores de Trujillo. Como estaba muy enfadado, me ofrecí a ayudarles en lo que necesitaran.
En una ocasión me sacaron de la celda, por la noche, para interrogarme. Me llevaban a los sótanos del hipódromo, el “Perla Antillana”. La acusación no oficial –porque nunca me acusaron oficialmente de nada—era ayudar o haber construido una emisora para la insurgencia. Supongo que se referirían a las baterías que usábamos en la tómbola. O por ayudar al padre Salvador, que también le consideraban subversivo. Decían que nos comunicábamos con Fidel Castro.
Los interrogatorios eran duros: golpes , manotazos... había uno que era el jefe y cuando te preguntaban y no contestabas te sacudía con la mano o con un látigo. Pero no llegaron a torturarme.
No eran profesionales. Andaban muy despistados.
En Puerto Rico llegó a publicarse la noticia de mi muerte, creo que a principios de diciembre del 59.
Así estuve más de un mes, hasta que un día me sacaron de la cárcel y me metieron en un barco, el Ascania, donde me esperaba mi familia. El Padre Salvador debió mover embajadas, o algo, para que me localizaran y me soltaran. En el pasaporte me pusieron el cuño de deportado. Y llegamos a Vigo... no se, sería el 19 o el 20 de diciembre de 1959. ¿Cómo me sentí cuando llegué a España? En España!
Elisa.- Uno de Almussafes vive en Puerto Plata. Se casó con una chica de allá. En Almussafes le llaman “El dominicano”. Tiene una cadena de supermercados en la ciudad. Creo que se llama XX y que el mote de su familia en el pueblo es “XX”. Es el único de los que se quedaron por allí que ahora es rico.
En el barco también había un polizón. Que luego Trujillo le permitió quedarse en las mismas condiciones que nosotros
Yo me acuerdo de la despedida que nos hicieron en Almussafes. Íbamos en dos autobuses, muy despacio, con la banda de música atrás, tocando. Y una mujer agitaba banderas... Recuerdo una canción que identificaba a los dominicanos “A mi me llaman el negrito... porque el trabajo es mi enemigo... el trabajo para el buey”
Saturnino.- Hay otra más clara. El negro dice “El trabajo lo hizo Dios como castigo. Que trabaje el blanco que es un pendejo”
Elisa.- Había jefes de grupo, los grupos los formaban los del mismo pueblo. José XX era le jefe del grupo de Sollana. Antes había sido alcalde de Sollana.
25/06/09
Notas de conversación con Palmira, Elisa, Milagros y Vicenta
1.- Palmira Valero . Fue a los 10 años. Baoba. Volvió 8 años después
2.- Elisa Moreno . Fue a los 10 años. Se instaló en Payita.
3.- Milagros Valero (Hermana de Palmira). Baoba. Fué con 1 año. Vuelve con 9 –10 años.
4.-Vicenta Olmos. Va con 26 años. Zona de Baoba. Salió de España casada y con un hijo.
Conversación:
2.- En el viaje, la noche de Navidad cenamos con manteles rojos. La mejor cena que había tenido nunca!
4.- No cenó nadie! Salchichas ahumadas, puré de patata! Se lo dejaron todos!
2.- Empezaba a irse el barco y un pasajero le cantaba a su novia, que se quedaba en el muelle, lo de “Tengo una copla morena... adiós mi España querida...”. Y yo, por debajo de sus piernas, veía a la novia que se quedaba en tierra y lloraba.
4.- Al comandante del barco le llamaban Castillo. Creo que era cuñado de Trujillo, o algo así.
2.- A mi hermano le llamaban “segundo gachupito del barco”. Nosotros, aquí en España, no teníamos jabón de verdad: Heno de Pravia, La Toja y todos esos. Y en el barco sí que había, así que mi hermano iba recogiendo todas las pastillas de jabón que encontraba.
Los marineros, por la noche cantaban “La petenera se ha muerto y la llevan a enterrar” Y contestaban otros “y así cantaba mi madre...”
4.- Y el yogurt casi ni lo conocíamos.
2.- Al desembarcar había un negro muy bien vestido preguntando si había alguien de Benifayó (Un pueblo valenciano). Mi madre era de Benifayó y se lo dijo.
--Usted? Ya me enteraré a donde van e iré a verles. Al cabo de un tiempo apareció con una camioneta cargada de regalos. Estuvo en casa y nos advirtió que no nos fiáramos de nadie. Absolutamente de nadie. En realidad, allí cuando anochecía, yo tenia miedo de todo. De cualquiera.
2.- Los coches eran muy grandes. Cuando llegamos a Ciudad Trujillo, Trujillo vino vestido de militar, con un bastoncito... todos los que queríamos ir al bautizo (de Tormo) estábamos sorprendidos: nos abrían paso dos filas de policías, para contener a la gente.
Mi padre era de esos labradores valientes. Sabía mucho. Allí teníamos trabajadores. Teníamos uno que le llamaban Julio.
2.- (le han avisado de que no se fíe de nadie)... Mi padre tenia tierra en “Caño Azul”. En España, cuando estaba la cosecha a punto, los labradores se quedaban por la noche en el campo para cuidarla. Mi padre, cuando tuvo la cosecha hizo lo mismo. Se entera un nativo:
--¡Como se atreve a ir solo! ¡Que lo matan!. Y se fueron a buscarle para acompañarle de vuelta a casa.
A un español que solo estaba allí seis meses al año, hasta recoger la cosecha, le mató el criado para quedarse con el dinero de la cosecha.
Al lado de mi casa se pusieron a vivir unos nativos. Eran casas separadas por un jardín, una cuadra... Nosotros teníamos allí el burro, la mula y el caballo. Los vecinos sembraron en nuestras tierras y mi padre les advirtió. Bien, todo bien. Allí todos llevan colgado siempre el colín o el machete. Pues, una mañana, el vecino le tiró el colín a la cabeza. La suerte es que le dio en la frente por el lado del mango y no por la hoja. Le cogieron y le llevaron a la policía.
(2 acota: Claro. También hay que comprender que aquello, para ellos, era el paraíso: no necesitaban trabajar para comer. Cogían un fruto, una gallina de Guinea... y ya tenían bastante. Al llegar nosotros –y los terratenientes—ya no era posible vivir así.)
4.- A algunos, como las casas no estaban acabadas, nos llevaron a Nagua (Bocanagua). Nos llevaron en una patera.
2.- El pueblo no estaba acabado y nos metieron en una cárcel. Lo que iba a ser una cárcel. Eso si, todo nuevo. Eran barracones muy grandes y, separadas por cortinas, cuatro familias en cada barracón.
4.- Al llegar a Santo Domingo nos metieron en el hotel “María Montes”. En todos los edificios importantes había una placa que decía “Trujillo es el dueño de esta casa...”
Había una zona de tierra buena. Lo nuestro era como una piscina. Como una piscina de 500.000 metros. Y piedras! Sacábamos, no se, tres toneladas de piedras. Entonces llovía y otra vez a empezar. Y a mi marido (El Gaucho) por protestar le mandaron a España. Eso si, por la comida estuvimos bien.
2.- Ahora se dedican a criar ganado.
4.- A mi marido le encarcelaron 8 días. Con la misma ropa, sin cambiarse, hasta que le expulsaron a España. Y nosotros en un hotel, con una niña de pecho y otra de un año.
2.- Mi padre antes de venirse a España vendió la cosecha. Los espías de Trujillo (Calíes) le decían “Tal persona se va a España, pero tiene dinero” y hasta que no se lo gastaba todo, se lo ponían muy difícil para venir. El único que hizo dinero fue XX, un químico (.. montó una fábrica de licores... volvió a el 61 , después de la muerte de Trujillo, con un barco de madera, para poder sacar el dinero. Yo viví con el, cuidando a sus hijos. Tenía guardaespaldas)
4.- Estoy un día sentada, llega un hombre, se pone a hablar y me pregunta
--¿está contenta?
--No.
--Y con Trujillo?
--Tampoco
Y cuando se ha ido viene un vecino y me dice
--¿Sabes quién era?
--No.
--El hermano de Trujillo.
Estaba en la Colonia por una visita que Trujillo hizo. Cuando llegó el dictador estábamos todos mirando el espectáculo y cuando llegó a nuestra altura, mi marido se giró de espaldas.
2.- Íbamos a la escuela pública de los dominicanos. Lo único que aprendí fue el nombre de Trujillo: “El generalísimo don Rafael Leónidas.... y después de Dios, Trujillo”. Y cantábamos un himno “Quisqueyanos valientes... nuestro invicto y glorioso pendón...” y lo cantábamos firmes, saludando con la mano extendida a la altura del pecho.
4.- A mi, para volver, me pagaron hasta el tren de Valencia a Silla. Pero vine sin un duro. Los que se quedaron vendieron nuestra cosecha y nos enviaron 10.000 ptas, que por aquel tiempo era un dinero.
2.- Nosotros desembarcamos en Barcelona.
4.- Aquí no molestaron a mi marido. ¿Cómo le detuvieron? Fueron 7 u 8 hombres a Ciudad Trujillo, a hablar sobre las condiciones de vida: las tierras, el agua, la luz... vaya, el cumplimiento del contrato... Hablan, quedan para otro día y un rato después detienen a mi marido.
2.- Había catatas, unas arañas negras de unos 25 cms.
4.- Una catata atraviesa el fuego de una paella y no se quema. Pero , a pesar de todo, yo añoro aquello. No lo pasé mal. Estuvimos 10 meses. Teníamos un criado negro: Santos. Era un chavalín de 12 años. Un día que estaba en la casa ligera de ropa le pillé espiándome. Cosas de chicos. Era muy buen chaval. Le compré unos zapatos, pero no los podía llevar porque no tenía costumbre y le hacían llagas.
Allí era normal que un hombre tuviera varias mujeres, o una mujer hijos de muchas parejas distintas.
2.- Yo añoro el montar a caballo
Yo vivía en Payita y aquello era selva. Vista Linda y San Rafael eran pueblos solo de solteros. Payita tenía las casas pintadas de rosa, de salmón, de verde... Mi casa era verde y la de al lado amarilla. Era bonito. Y, para salir... los nativos podían cambiar de pareja sin problemas, pero si un hombre se liaba con una nativa, o al revés,... entonces tenían que casarse. Era una manera de retener a la gente allí. De que no volvieran a España. Entonces, si obligaban a alguien a casarse, el cura se encargaba de sacarlo de allí y ayudarle a huir.
Al llegar nos instalamos en El Pozo. Estuvimos allí varios meses (en la prisión). La llegada a El Pozo fue en coches de línea. Pasábamos ríos y nos decían: cuidado con bajarse, que hay cocodrilos y son peligrosos. Yo veía a todos los mayores llorando. Llegamos a Payita y aún estaban las casas por acabar.
Mi madre, al día siguiente preparó el desayuno y le ofreció café a un señor que estaba por allí. Al día siguiente eran 10 ó 12. Al otro 30... Tuvo que cortar lo de ofrecer café, claro.
1.- Cuando nos fuimos pensaba que íbamos a descubrir América. Veía que allá había mucha comida, y aquí no.
2.- Dos huevos, un chele!
1.- La llegada a Santo Domingo fue como si hubiéramos llegado a NY. Todo lleno de coches...
2.- Allí nos fabricábamos el carbón, nos hacíamos el pan... cada casa tenia su propio horno, que construimos nosotros. Era preciso tener perro guardián. Los nativos le tenían miedo a los perros. Por eso el nuestro apareció muerto un día.
... Al cura le expulsaron a España (vía NY) diciendo que era cómplice de Fidel Castro. Era muy majo. Iba sin sotana, con vaqueros.
En San Francisco Macoríx hay un locutor, Rafael Rivas Jerez, que tenía unos 25 años . Nosotros le escribíamos a la emisora, él nos dedicaba poesías... hasta que una vez vino y vio que éramos unas crías. Le presentamos chicas mayores, comió paella en casa... y la amistad continuó. Cuando nos volvíamos para España se enteró y todo lo que duró el viaje en el autobús hasta Santo Domingo estuvo dedicándome canciones.
El retratista de Cabrera hacía fotos por allí.
3.- La maestra se llamaba Claribel.
1.- Comíamos Sancocho (un guisado), Ullana (parecido a la calabaza),otro plato parecido a los guisantes... Fuí feliz. Me volví a los 20 años. Montábamos a caballo los domingos y los españoles salíamos a pasear. Pero cuando murió Trujillo, los terratenientes querían la tierra y pagar bajos jornales. Nosotros les estorbábamos: ocupábamos tierra y pagábamos mejor a los jornaleros y criados. Ellos, a veces, les pagaban justo para un plato de arroz con judías. Así que azuzaron a la gente contra nosotros. Nos tiraban pedradas y decían “!Fuera los españoles!"
2.- Lo que nosotros reclamamos es una fianza que quedó en el aire. Que nunca nos han devuelto, que depositó el Gobierno dominicano.
2.- Allá quedan familiares nuestros, y amigos (Pastora, de Sollana; Els campaners d’Almussafes...)
24/06/09
Notas de conversación con Aurelia Pinazo
Yo tenía 25 años. Mi marido 28 y se ganaba la vida trabajando en la huerta y en los arrozales, de pintor, en una fábrica textil... Estábamos pensando en ir a Francia cuando, un día, le dicen que hay una expedición a Santo Domingo. Se apuntó mucha gente de aquí. Y el único soltero era el hermano de mi marido.
Llegó mi marido a casa, me lo contó y me dijo “¿Quieres que nos vayamos? Yo estaba en estado. Y cuando ya estaba todo arreglado, cuando estábamos a punto de subir al barco, me vino el parto.
Nos llevamos lo normal: maletas, ropa, sábanas...
Todos queríamos prosperar. De hecho, cuando aquello falló nos fuimos a Francia. Mi madre se oponía a que nos fuéramos y mi suegra nos animaba. Buscamos un médico del pueblo y dictaminó que se me había atrasado el parto, que me daba tiempo. Subimos al barco, allí había todo tipo de equipamiento médico. Y esa noche me puse de parto de verdad. Tuve el niño sin ningún problema. Al llegar, al niño lo apadrinó Trujillo . Y me dió de regalo 300 pesos. Por eso, porque Trujillo era el padrino de mi hijo, yo estaba muy bien mirada. Trujillo fue a Baoba a ver al niño.
Al bajar del barco tuvimos misa en la Catedral de santo Domingo.
El bautizo lo hicimos en el palacio de Trujillo. Todo el pasillo iba escondiéndome para darle de mamar y en esas aparece Trujillo. Me dice que acabe con calma. Luego vino Héctor (hermano del Dictador), que hizo de padrino del otro niño que nació en el barco
¿Cómo eran las casas? Dos habitaciones, cocina fuera, comedor, una mesa y un balancín – mecedora. También, letrina fuera. Eran peores condiciones de las que teníamos antes de irnos. A mi me dieron la casa al lado de Secretaría. Me dieron también 50 tareas y 25 más para mi cuñado.
Tuvimos tierra nada mas llegar. El cap de colla (jefe de grupo) era “El gaucho”, acusado de subversivo por protestar por las condiciones. Estuvo detenido una semana y ya no volvió a la Colonia. Le repatriaron.
Todos los días llegaba una camioneta con comida, tabaco, leche, dinero...
En Baoba no había vigilantes, ni era necesario pedir permiso para salir. Yo nunca intenté salir.
Las relaciones con los pueblos de al lado (los colonos estaban más o menos agrupados por pueblos de origen) no eran buenas porque nos lo daban todo a su costa.
La tierra era mala, ondulada. Lo más que podías hacer era cacahuete. Para poner la tierra en condiciones pusieron máquinas. Pero no, era tierra salvaje.
Plantamos cacao (maní) y maíz y cuando llegaron las cosechas ya nos cortaron las subvenciones.
El agua no la tenias cuando quisieras.
La vida era trabajar, comer y trabajar. Todos los días. Hasta que nos cansamos.
Diversiones? A la entrada de la colonia había una pulpería (tienda - bar) que tenía algo parecido a un cuarto. Allí nos reuníamos. Había una gramola (pic - up, tocadiscos no eléctrico) y bailábamos los domingos.
El cura venía a casa porque era de Villanueva de Castellón (España), cerca del pueblo de mi marido. Al final, le hicieron un anexo al lado de nuestra casa. (Salvador, el cura joven).
Tiempo después se fueron a Mao (Ciudad de República Dominicana) , solo nosotros y otro matrimonio, donde había mejores condiciones de vida y se cultivaba arroz con cierto éxito.
20/06/09
Notas de conversación con Enrique Fortea, colono
De Silla (su pueblo, cerca de valencia, España) se quedaron cuatro familias, entre ellos una mujer pariente mía casada con dominicano. Luego vinieron y viven en Silla.
Al regreso, en el pueblo, algunos amigos nos hacían burla: “Què, a fer les amèriques?” (¿qué, a hacerse ricos con facilidad, eh!") y cosas de esas.
Al volver pedimos indemnización. En Noviembre de 1975 se formalizan las reclamaciones.
24/05/09
Notas de conversación con José Roselló (Constanza, RD)
Al llegar pensaba que la tierra estaría algo salvaje. Pero no como estaba! Aquí había un labrador valenciano que cuando pasaba por mi casa decía “Roselló, Constanza, tierra de mucha labranza y poca esperanza...” Pero nunca había visto tierra tan buena, roja y negra. No la conocía.
Foto: entrada a Constanza
Aquí, al principio, nos pasábamos el día tomando café y charlando, de visita... pero muchos españoles se dedicaban a la juerga. También, todos los españoles solteros decían “tal día a bailar al hotel tal” y venía muchachas. Y a veces venía Trujillo y se alegraba.
Un día pasó Trujillo por la colonia y a una mujer le vió los dientes, todos picados... Mandó seis helicópteros con odontólogos y a todos los españoles nos arreglaron la boca. Incluso nos pusieron piezas de oro.
El 11 de septiembre del 55 mientras yo plantaba habichuelas en Constanza, mi mujer se estaba casando conmigo, por poderes, en España. Era domingo. Yo era un ambicioso loco desesperado. Sufrimos mucho.
Cuando la guerrilla (1959), dormíamos en un almacén que yo tenía lleno de sacos de patatas, usando los sacos como protección.
Después de muerto Trujillo había grupos que se me metían en las tierras y mataban vacas, o las dejaban heridas. Cuando la campaña electoral, Bosch decía “No les chapeen las tierras... “ pero como diciendo que sí, que lo hicieran, ¿Sabe?
No hubo españoles amigos de Trujillo. Eramos opositores. Cuando a Trujillo le matan el 3.5.61, al día siguiente se supo en Constanza por radio. Vinimos a la Colonia Española. Mi mujer esta en la máquina de coser. Yo oyendo la radio. Oigo a Balaguer: “Manos criminales han matado...” Tenía un cuadro de vidrio de Trujillo y en ese momento cayó el cuadro y se rompió
En junio del 62 vino Bosch. El desastre!. Bosch era hijo de emigrantes españoles... En el parque de Constanza, recién llegado del exilio, con una mujer cubana, hijo de español... dijo “!Dominicanos, este hermoso parque... estas tierras... no son de los dominicanos, son de los españoles!...”
Nos quitaron las tierras... a Esteban 20 tareas, a Robustiano 10... Eligio xxx iba con un grupo del PRD en un vehículos del Ejército. Iban a las casas y a las tierras comunicando que estaban incautadas. Y se las entregaban a los políticos. Perdimos la tierra y ya está.
También hubo intrigas entre propietarios y competidores o simplemente vecinos. A mi me atacaron los de la familia “xxx”, productores de industriales...
Soy un pionero de los repollos, apio, coliflor, acelga, melocotón, ciruela...
A los que nos hemos dedicado a la agricultura nos han maltratado y nos quieren quitar las tierras. Quieren quitarme hasta la casa.
Yo me enamoré de Constanza, fundé el primer club español.
Cuando nos querían expropiar, en 1962, fui el último que dejó la tierra: aguanté un año, hasta el 63. Y me dieron los 2.000 pesos ( = 2.000 dólares = un tractor y un arrastre) En aquel tiempo, para mi aguantar sin aceptar la indeminzación era cuestión de dignidad.
Yo seguí en la República Dominicana porque había comprado otra tierra, que no era la cedida por Trujillo. Y esa me la respetaron.
El 92 hubo otra incautación de tierras, puntual, a una o dos personas. Hubo otras incautaciones en los 70 y 80’s.
10/05/09
Trujillo y "sus" emigrantes



03/05/09
De 1954 a 1962 en 15 fotos


La noticia, en los diarios "Levante" y "Las Provincias" de Valencia (España) el 27 de diciembre de 1954

Puerto de Santo Domingo. La primera expedición atracó en enero de 1955. Los barcos de colonos siguieron llegando durante todo el año.

Bahía de Samaná. La primera expedición estuvo aquí fondeada varias semanas, mientras se decidía a donde irían destinados.

Entrada a Constanza. Dos centenares de colonos, mas afortunados que el resto, fueron destinados a este valle a 1.200 metros de altitud

Casa de colonos de uralita (asbesto cemento) atrapada entre nuevas construcciones. Este fue el modelo de barracón mas utilizado

Vistas anterior y posterior de casa de colonos en la zona de baoba, construida con bloques de cemento
Interior de casas de colonos cerca de "El cruce", ahora habitada por dominicanos
Documento de expropiación de tierras a una familia de colonos valencianos23/02/09
El documental en los medios de comunicación
'Llauradors' en el paraíso de Trujillo
F. S. - Valencia - 16/01/2009
Alrededor de 5.000 españoles, la tercera parte de ellos valencianos, iniciaron en 1954 su particular sueño americano en un viaje al Caribe. Invitados por el dictador Rafael Leónidas Trujillo para colonizar la República Dominicana y que enseñaran sus milenarias técnicas agrícolas a su pueblo, se les prometió tierras, una casa, herramientas, animales, semillas, dinero hasta la primera cosecha y la promesa de un billete de vuelta si esa era su elección. Su odisea, que para muchos no fue precisamente un viaje al paraíso, la cuenta ahora el periodista Salvador Dolz en el documental “Dominicana, la ltierra prometida” que hoy se estrena (19.30) en el Centro Cultural Bancaja de Valencia.
"Venían de una España pobre, pero no tanto, aquello no era nada", explica Dolz, ya que los colonos se encontraron con cenagales y selvas plagados de sanguijuelas, con paludismo y otras enfermedades, casas sin electricidad en colonias de las que no podían salir, con revueltas, deportaciones y huidas. "No torturaron a nadie, pero que te acusaran de espionaje en la dictadura de Trujillo, en un régimen de terror, no era ninguna broma", explica Dolz.
Y como los autóctonos calificaban a los españoles como "los trujillistas", cuando la revuelta acabó con la vida del tirano en 1961 comenzaron las expropiaciones y el sueño acabó: apenas 200 españoles quedaron allí, una veintena de ellos valencianos.
Interesado por la historia, Dolz contactó en principio con una valenciana que salió en los periódicos en 1951 porque en el barco, el España, que partía a la aventura, dio a luz. Trujillo hasta se encargó del bautizo en el palacio presidencial. Dolz tiró de ese hilo y ha facturado un documental tanto con testimonios de valencianos que volvieron como de algunos que se quedaron y allí siguen. De aquella aventura apenas quedan unos preciosos arrozales en Nagua que recuerdan a L'Albufera.
Diario "Avui"
Recordant l'aventura dominicana
Ester Pinter 18.1.09
Vora 5.000 valencians d'Albal, Sueca, Silla i Almussafes van abandonar al llarg de l'any 1955 les terres de l'albufera on treballaven per posar rumb cap a la República Dominicana, atrets per les promeses del president dominicà Rafael Leónidas Trujillo. Uns fets que ara recorda el documental Dominicana, terra promesa, que narra aquesta història d'emigrants, colons i retornats. Es tracta d'un treball rodat en escenaris valencians i dominicans, coproduït per RTVV, que ha comptat amb el suport de l'IVAC i que s'ha presentat aquesta setmana.
L'oferta de Trujillo per als llauradors i les seves famílies, fruit d'un acord amb Franco, incloïa casa, terres, animals i llavors fins a la primera collita, així com un bitllet de tornada per als que no s'adaptessin. L'objectiu era que els valencians -després s'hi afegirien gallecs, castellans i canaris- ensenyessin als autòctons noves tècniques de cultiu i, de passada, reduïssin, amb la seva presència l'impacte de l'arribada d'haitians provinents de l'altra banda de l'illa.
L'aventura americana pintava molt bé, però en arribar a terra dominicana la realitat va ser molt diferent: terres inconreables, barracons inhabitables, paludisme, protestes dels nadius? Tot això al costat d'alguns colons, una minoria, "que van acceptar les noves regles o que van tenir sort", assenyala el periodista Salvador Dolz, autor del documental. Només pocs mesos després de l'arribada, un terç dels emigrants van demanar el bitllet de tornada, però les autoritats dominicanes van demorar la resposta més d'un any.
Malgrat els esforços per frenar la sortida, el degoteig d'abandonaments no es va poder aturar i el 1961, quan el dictador Trujillo va ser assassinat, només vora un miler de colons romanien en terres caribenyes. A més, aleshores es van convertir en "trujillistes", ja que a ulls dels autòctons "els espanyols havien rebut béns que a ells, autèntics dominicans, se'ls negaven", explica Dolz. Després d'això, només uns 200 valencians, la majoria casats amb dominicanes, van decidir quedar-s'hi. Quatre d'aquests valencians i quatre dels que van tornar participen en Dominicana, terra promesa.
Agencia “EFE”
Un documental rescata la odisea de 5.000 colonos valencianos en el Caribe
“Dominicana, la tierra prometida” retrata las vivencias de los emigrantes valencianos que al llegar a la República Dominicana encontraron que lo que les había prometido el régimen a cambio del viaje era "un desastre absoluto.
ALBA HERRERA, EFE 16.1.09
La historia de 5.000 labradores valencianos que, entre 1954 y 1955, colonizaron la República Dominicana contratados por Rafael Leónidas Trujillo sale ahora del olvido gracias a un documental que recoge el testimonio, en su mayoría desolador, de lo que se encontraron estos emigrantes.”Dominicana, la tierra prometida” dirigido por Salvador Dolz y que se presenta hoy en Valencia antes de su emisión en Radiotelevisión Valenciana (RTVV), retrata las vivencias de los emigrantes valencianos que al llegar a la República Dominicana encontraron que lo que les había prometido el régimen a cambio del viaje (una casa, tierras o dinero) era "un desastre absoluto".Una de las mujeres que partieron hacia la isla caribeña desde la localidad valenciana de Silla y que cuenta su historia en el documental, Vicenta Olmos, ha relatado a EFE que cuando llegó a su destino, embarazada y acompañada de su marido y su hija de 10 meses, "sólo había miseria".El Gobierno de Trujillo "nos prometió el oro y el moro, casas con luz, agua corriente, una casita para que jugaran los niños y televisión", pero cuando llegaron, tras veintiún días de viaje en barco, "no teníamos ni agua, ni luz, ni nada que cenar"."Todo fue de mal en peor, y como mi marido era el responsable de todos los que fuimos desde Silla, era el que tenía que dar la cara", ha explicado Vicenta Olmos, que ha relatado que el régimen de Trujillo ofreció a su marido buenas tierras."Mi marido dijo que sí que quería las tierras, pero todo su pueblo también", por lo que "lo encerraron en la cárcel de Santo Domingo" durante una semana. Tras esos días, les "echaron".Tras la experiencia de casi un año en el país caribeño, Vicenta Olmos y su familia volvieron a Silla "a empezar de cero otra vez", pero no fueron los únicos: "Vinieron muchos barcos después y poco a poco han vuelto todos".Dolz ha señalado a EFE que en la cinta se relatan "experiencias muy duras" de personas que "las pasaron canutas pero no tuvieron que traicionarse a sí mismos"; a su juicio, la estrategia de Trujillo "fue una gran chapuza" porque se trataba de "un régimen corrupto"."Lo que quería Trujillo era producción", ha afirmado Dolz, pues la intención del mandatario era que los labradores valencianos enseñaran a los dominicanos sus técnicas de cultivo.Este documental, que se ha rodado en la República Dominicana y en Valencia y dura 50 minutos, se ha realizado, según su director, "con un presupuesto muy ajustado".El equipo de Dolz rodó en Santo Domingo, Nagua, Constanza y Samaná, donde entrevistaron a cuatro colonos -dos valencianos, un canario y un castellano- que siguen viviendo en la República Dominicana.La segunda parte del documental se desarrolla en Valencia y en Silla, donde se recoge el testimonio de otros cuatro emigrantes que regresaron a casa, entre ellos el de Vicenta Olmos.Dolz conoció la historia de estos colonos "hurgando" en las hemerotecas: "Es una historia muy conocida en su zona pero que nunca había sobrepasado los límites de la comarca".El documental, producido por RTVV y Dolç Ferrer documentals, cuenta con Toni Polit a cargo de la fotografía y Josito Genís, Javier Sierra y Remi Carreres como compositores de la banda sonora.
Diario “Levante- EMV”
historia
Los 5.000 labradores de la Albufera que sirvieron a Trujillo
Doscientos colonos valencianos permanecen en Santo Domingo
Nuria Tendeiro Parrilla, Valencia 15.1.09
"Levante - EMV" 2 / 3 / 2009
XI Festival Internacional Premis Tirant
El documental, espejo convexo de la realidad
Hoy se presentan cinco trabajos a concurso
M. T., Valencia
Los trabajos documentales son uno de los géneros fuertes del Festival Premis Tirant. Un total de 39 compiten por el zoótropo este año en esta categoría, en un momento en que la multiplicación de las cadenas de TDT hace necesario material interesante con que elaborar las parrillas de programación. Los realizadores valencianos tienen experiencia a la hora de abordar este formato audiovisual desde el punto de vista casi siempre de mirada crítica, histórica, cuando no costumbrista o sociológica, sobre aquello que rodea y refleja las vidas de los humanos como un espejo convexo en la mayoría de los casos, de la sociedad contemporánea.Hoy lunes, los documentales llenan las pantallas que colaboran con el Festival Premis Tirant distribuyendo por la ciudad de Valencia trabajos que, de otra manera, tendrían difícil acceso al público.En el OctubreEn el Centre Octubre, la programación comenzará a las 18. 30 horas. En esta sesión se proyectarán tres trabajos a competición. Tres países, tres familias y tres futuros es la historia que tiene como eje el documental El plan B, en el que se narra la experiencia de Laura, una argentina de 19 años que llegó con su familia a España siete años atrás. La vivencia de la emigración vista desde el ojo de Vicente Pascual y Luis García, que han contado con la Fundación General Universidad de Alicante para la producción. Dominicana, terra promesa, es el trabajo que presenta Salvador Dolz (df-documentales). La acción se sitúa en la República Dominicana. 1954. El dictador Trujillo contrata a miles de labradores para colonizar el país prometiéndoles casa, tierra, animales y viajes de ida y vuelta. Un sueño que, al llegar a la isla?Por su parte, el documental de Paco Martí, Niño Andrés, retrata el mundo propio de su protagonista. Es la historia sencilla de un niño de Menorca. La producción es de Miguel Miralles.En Ca Revolta, la música marroquíEl género documental también será protagonista en la sede de Ca Revolta a partir de las 18.15 h. Toni Polo presenta Les couleurs du thé, producido por Tatzen S.L. Un trabajo que se plantea como una forma de conocer el Marruecos actual a través de la música de los más jóvenes. En la puerta del Mediterráneo, el lugar de tránsito entre África y Europa, hay un territorio en el que tantas etnias y culturas han dejado su huella a lo largo de la Historia. Seguidamente, se proyectará otra versión del mismo género pero que compite en ora categoría. La serie documental dirigida por Adriana Chávez bajo el título Inmigrantes y que ha sido producida por la propia directora junto a García-Rendón y Violeta Valenzuela. Un paseo por los sentimientos y pensamientos de 28 personas de diferentes nacionalidades, ideologías y estratos sociales y económicos.
“Dominicana, lal tierra prometida” dirigido por Salvador Dolz y que se presentó ayer en Valencia antes de su emisión en Radiotelevisión Valenciana (RTVV), retrata las vivencias de los emigrantes valencianos que al llegar a la República Dominicana encontraron que lo que les había prometido el régimen a cambio del viaje (una casa, tierras o dinero) era «un desastre absoluto».
Una de las mujeres que partieron hacia la isla desde Silla, embarazada y acompañada de su marido y su hija de 10 meses, relata en el documental que sólo encontraron «miseria». Trujillo «nos prometió el oro y el moro, casas con luz, agua corriente, una casita para que jugaran los niños y televisión», pero cuando arribaron, tras 21 días de viaje en barco, «no teníamos ni agua, ni luz, ni nada que cenar». Y todo fue de mal en peor. Según Dolz, en la cinta se relatan experiencias muy duras de personas que «las pasaron canutas pero no tuvieron que traicionarse a sí mismos». A su juicio, la estrategia del dictador Trujillo «fue una gran chapuza» porque el que presidía era «un régimen corrupto».
El documental, producido por RTVV y Dolç Ferrer documentals, cuenta con Toni Polit a cargo de la fotografía y Josito Genís, Javier Sierra y Remi Carreres como compositores de la banda sonora.
Racó Català
Un documental segueix l’aventura dels colons valencians a la Rep. Dominicana
Gener 19, 2009
Gairebé 5.000 valencians van partir cap a la República Dominicana entre 1954 i 1955, atrets per les promeses del dictador Trujillo, interessat en les productives tècniques de cultiu dels llauradors valencians. Però, poc de l’anunciat es van trobar a l’illa i molts d’ells es varen tornar a casa.
Aquesta curiosa història ha estat ara treta a la llum amb el documental “Dominicana, la tierra prometida”, que segueix als colons en el seu viatge d’anada i tornada, i parla amb alguns dels seus protagonistes. Obra de Salvador Dolz, aquest migmetratge (50 min.) viatja primer a la República Domincana. Allà es troba amb colons que van romandre al país, entre d’ells dos valencians, i posteriorment, se’n torna al País Valencià, concretament a la Ribera, per obtindre el testimoni d’aquells que van tornar del paradís que no va ser tal. Una història ben coneguda en aquesta comarca però que ha estat aliena per a la resta de valencians.
“Dominicana, la tierra prometida” està produida per Dolz Ferrer i per RTVV.
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21/02/09
24/01/09
Presentación de Dominicana, la tierra prometida

Público entrando en la sala del Centro Cultural Bancaixa

De derecha a izquierda: Salvador Dolz (director), Vicenta Olmos (entrevistada), José Luis Murillo (Ministro Consejero de la Embajada Dominicana), Palmira Valero y Aurelia Pinazo (entrevistadas), Juan Borg (Vice-cónsul dominicano) y personal del Consulado. En el centro el señor Murillo - padre.
En la presentación, el Ministro Consejero de la Embajada Dominicana, José Luis Murillo, contó cómo su padre, de Guadassuar (València, España) fue uno de los casi 5.000 labradores contratados por Trujillo.
En la foto, Manuel Peris
La Unió de Periodistes Valencians organizó el acto. Manuel Peris, su vicepresidente, invitó a los espectadores que quedaran atrapados por Trujillo como personaje literario a releer dos grandes novelas: "Galíndez", de Vázquez Montalbán, y "La Fiesta del Chivo", de Vargas Llosa.
Fotografías: María Payà
13/01/09
Nota de prensa
"Dominicana, la tierra prometida"
Cuenta la aventura de cinco mil labradores contratados por el dictador Trujillo
para colonizar la República Dominicana
Rodada en España y en la República Dominicana,
recupera testimonios de los expedicionarios

El 1954, cuando en España aún se pasaba hambre, Rafael Leónidas Trujillo prometió a los labradores de la Albufera valenciana y a sus familias que les daría una casa, la tierra que pudieran trabajar, animales, semillas, dinero hasta la primera cosecha y --lo más importante-- viaje de vuelta pagado a quien no se adaptara. Al parecer sólo quería que vivieran allí y, de paso, que enseñaran a los dominicanos sus técnicas de cultivo.
A los valencianos se unieron después gallegos, castellanos y canarios. A lo largo de 1955 casi cinco mil hombres, mujeres y niños salieron por primera vez de su país – hasta entonces muchos apenas se habían alejado de su pueblo-- y se embarcaron en aquella aventura. Todo parecía perfecto, un sueño.
Pero al llegar a la Isla descubrieron que nada era como habían imaginado. Cada colono vivió su propia experiencia: años entre selva y cenagales sin nada que hacer, barracones compartidos e inhabitables, paludismo, protestas masivas y revueltas, cárcel, deportación, expropiaciones, intentos de huida del país, confinamiento en las colonias, denuncias por espionaje… Y todo coexistiendo con la vida tranquila de otros colonos, los menos, que aceptaron las nuevas reglas o que tuvieron suerte.
Generalísimo Doctor Rafael Leónidas Trujillo Molina
Un tercio de los emigrantes pidió volver de inmediato pero Trujillo dilató la respuesta más de un año. A pesar de sus intentos por frenar la salida -- en especial no dando el pasaje de vuelta-- el goteo de abandonos fue imparable.
Cinco años después de su llegada, en 1961, el dictador es asesinado y los colonos que aun quedaban, más de un millar, de repente aparecen ante sus vecinos como “los trujillistas”. A fin de cuentas, se decía, los españoles habían recibido bienes que a ellos, auténticos dominicanos, se les negaba.
El documental dura 50 minutos y ha sido rodado en la República Dominicana (Santo Domingo, Nagua, Constanza, Samaná) y en España (Valencia y Silla). Participan cuatro de aquellos colonos que siguen viviendo en la República Dominicana y cuatro más que regresaron. La música ha sido compuesta por Josito Genís, Javier Sierra y Remi Carreres y la fotografía la firma Toni Polit. Lo co-producen RTVV y su director y guionista Salvador Dolz y cuenta con ayuda del Instituto Valenciano de Cinematografía, IVAC.
La presentación de “Dominicana, terra promesa” fué organizada por la Unió de Periodistes Valencians y tuvo lugar en el Centro Cultural Bancaja de Valencia el viernes 16 de enero de 2009.

Fotos: Colonos en Baoba del Piñal (Nagua - ex Julia Molina) cedidas por Palmira Valero y Teresa Martínez.
Fotografía de Trujillo, derechos reservados.
21/12/08
Fotos de rodaje



Baoba. Una vivienda de bloques de cemento que fue abandonada por los colonos.

En Nagua (Ex- Julia Molina) cada vez es más dificil localizar escenarios naturales como los que vieron los colonos al llegar. El bosque virgen fue sustituido por cultivos de huerta, y las ciénagas por arrozales. Pocos años después, la huerta dió paso a los pastizales y al cultivo de cocos. Las fotos corresponden una zona húmeda a pocos kilómetros de Nagua (R.D.) y a una zona de bosque tropical, que aun se encuentra en zonas montañosas de dificil acceso.
30/11/08
Distribución de las colonias

El buque "España"
El buque "España" fue construido en Australia en 1913 con el nombre de "Canberra" y en origen cubría la línea Melbourne - Sidnye - Brisbane - Queensland. Se utilizó como transporte de tropas en las dos guerras mundiales y, al acabar la Segunda, fue retirado del servicio. En 1947 fue vendido a Singapur y meses después revendido a "Greek Line" para el transporte de emigrantes desde Grecia a Australia y Sudamérica. En 1949 el barco es reformado y re-motorizado, pasando a cubrir las líneas El Pireo - Nueva York y El Pireo - Montreal. En 1954 lo compra Trujillo para llevar emigrantes a la República Dominicana. Tras cambiar su nombre por el de "España", el 24 de diciembre sale del puerto de Valencia (España) llevando a cerca de 800 colonos.
En su segundo viaje, a medio camino entre Puerto Rico y la República Dominicana los motores dejan de funcionar. El barco queda a la deriva y escorado. Trujillo, tal vez herido en su orgullo, rechaza el rescate que le ofrecen las patrulleras puertorriqueñas y los pasajeros deben esperar varios dias la llegada de ayuda, sin agua potable. Finalmente el barco es remolcado hasta el puerto de Santo Domingo. El "España" nunca mas volvería a surcar el mar y quedaría, durante un tiempo, amarrado en los muelles como barco- restaurante.














